Regalo de Isabel Reyes.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Insurrecto.





Te quiero mucho más de lo que te imaginas
y por eso latigo tu dúctil intelecto.
De qué voy a servirte si ajeno no adivinas
qué pretendo de ti, cual es el dialecto

en que te estoy hablando sin taimadas doctrinas
por azuzar tu hombría al salto más perfecto
que obligue al corazón de todas las rutinas
a someter sus voces a tu voz de insurrecto.

Porque eres mucho más que un estro temerario
y yo no soy la Shiva que oculta en su brumario
colecciona cabezas y mata lo que toca,

empieza por mirarme con los ojos despiertos
verás a una mujer que sólo cree en los muertos
que quisieron morirse con su nombre en la boca.

Homo





Hombre y contradicción: volver sin irse,
deambular sin dar un paso al frente,
hablar desde el silencio de un demente
y con brazos de escombro, construirse.
Monógamo implacable, repartirse
entre todas las hembras del estero,
mentir con las verdades del barquero
y gozar la entelequia con el tacto.

Nauta virtual, remero de lo abstracto,
de sí mismo extranjero.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Abstracción.






¿Qué pasa? Estoy cansada, sí, cansada
de tanto arrebatarme sin sentido
al borde de lo abstracto, compungido
el prieto corazón de la granada.

De indiferencia estoy exacerbada,
se me hace cuesta arriba el recorrido
y me acidulo, fruta descarnada,
sobre la negra lengua del olvido.

Estoy sin casi estar, ni voy ni vengo
por mi profundidad, ni me entretengo
en prolongar la letra del orgasmo
que pugna por llegar pero no llega.

El silencio es un plácido estratega
que se empeña en matarme el entusiasmo.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Rabiosa.






amanecí otra vez invocando la llama
como un bosque talado
repleto de maleza

perdida e impotente
como una maleta en la consigna
de algún sueño inservible

rabiosa
como un gato montés en una jaula

amanecí de nuevo amotinada
contra la realidad

pendo de un hilo
a punto de romperse
de impaciencia

Solo letras.






Donde yo digo amor, debe decir su rostro
y donde digo tacto, su deseo.

Allí donde de pie alzo el puño, su guerra
y donde me atrinchero, debe decir su boca.

El resto da lo mismo, sólo letras 
sin una fe de errata.

Sonríeme.





No te angusties por mí, que estoy despierta
y necesito tu clarín, tu fuste
para un brindis al sol. Que no te asuste
la gárgola sentada ante mi puerta.

Tantas veces ganaste la reyerta
contra su mano de desbarajuste,
que puedes inventar cualquier embuste
para dejarla muda y boquiabierta.

Anda, sonríeme, que gira el mundo
tan absorto en debacles sin castigo
que la mía no es más que una de tantas.

Ríete de su rostro tremebundo
que ni agua hay que darle al enemigo
y mientras ríes tú, mi pena espantas.

El círculo de las dudas.






yo soy la misma poco resignada
a no tener respuesta a las preguntas
que no dejo de hacerme

no me gustaron nunca
los arrebatos místicos 
ni los lirismos exacerbados
y siguen sin gustarme

sigo siendo la misma
 empecinada
en contarte mi sangre
 en que me cuentes
de qué color envejecen tus huesos

quizás me estás mirando
 como te miro yo
con los ojos cerrados y el corazón abierto
y a corazón abierto
 tú lo sabes
todos somos más guapos

lo único que sé
 es que no he de morirme
que no quiero morirme
sin haber dicho todo

quiero cerrar el círculo de dudas
beber todas sus aguas
besar todas sus bocas
parir todos sus hijos
 penar y disfrutar todos sus hombres
si pasan por mi mente
y sólo puedo hacerlo ante el papel en blanco

yo soy la misma
tus ojos
al mirarme
son distintos

domingo, 4 de septiembre de 2016

A ese lo compro yo.







A ese lo compro yo. Dime ¿Qué cuesta?
¿La libertad, la paz, un magnicidio,
o tan sólo tu gesto de fastidio
por la boca que esconde su respuesta?

La manzana podrida de la cesta
la quiero para mí, su voz de ofidio
reptando por los muslos del suicidio
con cara de ganar siempre la apuesta.

¿Disoluto y voraz, dices, vampiro?
¿Nosferatu del aire que respiro?
¿Visionario y Babel?

¿Cuánto vale su vil bala perdida?
¿Qué precio hay que pagar? ¿Sirve la vida?
Yo me quedo con él.

Dueña.







Yo me adueño del aire que circunda tu boca
y me adueño del labio, del diente, del instante
en que el verso define mi condición de amante
que amantísima al verso de guerra te convoca.

Me adueño del silencio que a tu silencio invoca
y de la lengua oscura, violenta, extravagante,
que lame de mi instinto la púa interrogante
y en mi nuca nocturna ansiedades disloca.

A pedido del ojo me adueño del discurso
en que surges metáfora y desbocado curso
de sangre por las venas de mi desasosiego.

Yo me erijo en tu dueña y a tu mudo dictado
escribo las malicias que nacen al costado
del cadáver de un tiempo tan tuyo como ciego.

El dolor cotiza en bolsa.





Yo tengo un pacto escrito con el miedo
y con el desengaño una tormenta
que se fragua en mi boca descontenta
si la traición me escupe con su credo.


Si un día decidí, no retrocedo
-nunca segundas partes fueron buenas-
y mi instinto es un cuervo en las almenas
de lo que pudo ser pero no ha sido.


Aunque avizore el cielo prometido
sabe que del pasado llueven penas.


Lo que sería extraño
es acostarse un día sin dolor.
El tiempo de doler es un valor
al alza en la Bolsa del engaño.


Te acostumbras al daño,
porque un fajador de abatimiento,
aprende a anestesiar el sentimiento
y a hacer tabula rasa del instinto.


Un buen Rioja tinto
y llega Dios jodiendo el argumento.

jueves, 11 de agosto de 2016

Ludópata





hay cosas que no piden permiso para ser 
así que cuando suenan 
las sirenas de alarma 
y destellan las luces de peligro 
suele ser tarde para abunkerarse 

si yo hubiera intuído
la que se avecinaba con Abril
hubiese puesto cepos en los ojos 
cristales aguzados en las lenguas 
ajos y crucifijos en las puertas del alma

me hubiera puesto a salvo de lirismos 
en la espelunca de la indiferencia 
que suele protegerme de tragedias ad hoc 
e ironiza sobre amores vesánicos que provocan alergias 
y agostan la epidermis de los sueños 

la química mortal de un hombre en blanco 
para escribir sus ansias surreales 
nunca mutó el orden de mi caos 
ni mi lista privada de demonios 

pero los semidioses no debían
mezclarse con mortales mentalmente 
todo lo más 
excitarles la lengua 
o intentar seducirles el instinto 
tocando el punto G del desvarío 
en esas raras veces que jugamos 
a ser "paciente inglés" sin lubricantes 
ni cielo protector sobre las ganas 

porque puede nacer la paradoja y acabar degollados 
con la cabeza expuesta 
en la vitrina de cualquier mujer 
que lleve guillotina incorporada 

si llega la excepción se confirma la regla 
y el propio juego marca los triunfos 
que rompe la baraja del asombro

ay, si yo hubiera sabido 
de la delicuescencia de mis brumas 
ante el talento oscuro de un ludópata 
otro gallo cantara en mi retina 

pero hay cosas 
que no piden permiso para ser 

Malérrima.





La piedra no confiesa ni bajo la tortura
de un gota a gota eterno.

Yo no fuerzo el silencio
ni me aferro a su clavo de certeza.


Ocurre, simplemente,
cuando el puente se rompe
porque no aguanta el peso del reproche.


Ocurre si la voz se vuelve inteligible
y zozobra promiscua y se debate
entre el sí pero no, de quien presume alzado
de sus claves perversas.

Tú eres aire,
te respiro, me circundas,
pero no soñaré que te domino
por haberte golpeado el rostro inexistente.

Yo acabo en el vacío
como un puente de nadie tendido a ningún sitio
y lo tenías claro al diseñar el tuyo.

Guillotíname con todos mis motines
y acaba con las dudas,
pero asegúrate de que no me levante del cadalso
porque eres hombre muerto
Andrea VIII
tú y las Seymoures que te lamen los pies.

De algo ha de valerme ser malérrima.

Desnudeces






Cuando cruzas miradas con un hombre desnudo
en la frontera lúdica del cuerpo con su historia,
se abren los muslos prietos del placer sin escudo
lejos de tiempos muertos, en el idioma mudo
en que hablan los ojos, las manos, la memoria.

Tan virgen a sus labios como la vez primera
tan ausente de culpas, tan libre de precintos
tan puta como el vientre de la pasión requiera
entregarte inocente como la primavera
se entrega a la lujuria del dios de los instintos.

Y ser y conocerse en el hombre y su hombría
reconocer en ti la cruz de su moneda.
Cuando los cuerpos vibran la misma rebeldía
y las mentes disfrutan su perversa anarquía
de la magia del sexo se va abriendo la veda.

En la búsqueda eterna del milagro amoroso
abandonarse al hombre que te requiere ardido
es celebrar la vida, su misterio anchuroso
y oponerse a la muerte con el latir gozoso
por desnudar el cuerpo, el alma y el sentido.

No vuelve la palabra.







no vuelve la palabra
no se anuncia en estruendo de pífanos
no nace del silencio
como si nadie antes la hubiera pronunciado

un gruñido inquietante ocupa su lugar
y asciende de los perros que aúllan a una luna
muerta de indiferencia
que igual alumbra a amantes en furtivos abrazos
que a soldados caídos

no vuelve la palabra

Agosto
detenido
no se termina nunca
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