Regalo de Gea Leire.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Error de cálculo.






Cuando me empiece a hundir, recuerda lo que he sido
durante el largo tiempo en que corrí descalza
por todas tus aceras, cotizándome al alza
en el mercado libre del deseo prohibido.

Si ves que no te veo, que caigo en el descuido
y maquillo mis labios con el dolor que ensalza
la lengua del silencio y a oscuras se realza
y ocupa el ojo ciego como si fuera olvido.

Si preciso escapar huyendo de mí misma,
por no reconocer que soy mi propio cisma
y el aire entre los dos deja de echar raíces,

será sólo un error de cálculo desnudo,
un fragor, un alud, un dardo puntiagudo,
clavado en la certeza de los días felices.

El final de una estirpe.








Es probable que sea el final de una estirpe

y ojalá así lo fuera. Me revienta

ese maullar constante en los tejados
que taladra el oído impunemente,
y el restregar contínuo de su celo reptante
por cuanta pierna-macho
se encuentra en el camino.


Ya está bien de mohines en cuclillas,

de versos genuflexos,
de pezones eléctricos, de plásticas vaginas,
y de esa forma estúpida
de ensalivar el chicle candomblé.


Y ya está bien, sobretodo, 

de cajones vacíos
disfrazados de cajas de Pandora
y de poner carnívora la voz
para ulular vientos vegetarianos.


¿Qué hay dentro de ti que tanto me repele?

¿En cuántas como tú se aburren los instintos
que se pregonan muertos,
con el tam-tam masai del deseo perpetuo
en su perfecta abulia?


¿Cuántas hay como tú

-satisfecha fingida-
hambreando pasión, desesperadamente?.







Verá usted, cuando una mujer reduce su vida literaria y su obra circunscribiéndola a la consecución de un único objetivo, cuando para conseguir ese objetivo salta sobre el dolor de otras mujeres que no pueden usar sus mismas armas porque nacieron con un mínimo de ética, pudor o timidez y en definitiva están menos vacías, cuando traiciona a su propio género arrastrándose y arrastrando a las demás de paso, cuando además lo hace de forma subrepticia manipulando emociones e instintos primarios....cuando todo esto ocurre, digo, y una lo observa, lo mastica, pero no lo deglute, no queda otra que vomitar. 

Ni puedo, ni quiero ser más explícita con este asco mío tan personal y tan inevitable. No soluciono nada porque desde que el mundo es mundo existen las babosas cuerpo a tierra, son todo un prototipo, pero me quedo como Dios después del séptimo día creativo, con un desliz de estos de cuando en vez.

Algún día, haré el etograma de estas fieras, que ante el más mínimo estímulo, reaccionan comiéndose a sus hijas, si hace falta.

 No me lo tenga en cuenta si le parezco demasiado mordiente.
Sí era mi intención.

Vendaval.






A tí se te amontonan las batallas
entre pecho y espalda
como sagitas tensas disparadas
desde la misma entraña de la vida.

Da lo mismo el lugar 
en que tu cuerpo caiga derrotado
por el grave cansancio de la carne
porque tu mente continúa alerta
y son muchos insomnios
los que acumulas cotidianamente.

Tú no sabes vivir más que enfrentando
tu propia concepción de lo que es lucha
y los demás
miramos como pasa
el vendaval furioso que generas
conteniendo el asombro emocionado
o la envidia siniestra por tu hombría.

Tú no eres el único alunado
pero si te desangras boca arriba
con la vista manchada de horizontes
y el índice dispuesto en el gatillo
sí eres de los pocos
que se juegan la vida por amarla.

No escribas tu futuro
antes de que suceda.

El amor es la fuerza que
sin sexo
llevas en los zapatos,
la que insuflas a otros que se apoyan en ti.

El resto es la experiencia de los solos
que mastican el odio como viene.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Nunca serás yo.








Tú nunca serás yo
por más que imites mis saltos al vacío.
La diferencia late entre mis ingles.
Tus ovarios se quedan siempre al borde.


(MdP - Cuaderno de Bitácora)



Tú nunca serás yo por más que el mundo
amnésico de mí, de mí te ceda
la pupila midriática y profunda
para que disimules tu ceguera.
Por más que enamorada de mi boca
babées mi saliva boquiabierta
y escupas mis pedazos y mis traumas
vomites en arcadas de tristeza.

Y nunca serás yo porque mis dientes
van a despedazarte la conciencia.
No acabas de entender que soy un monstruo
con los ojos de vidrio, centinelas
de la palabra que parió mi sombra
como se paren hijos bajo tierra.

Porque tú estás vacía de vocablos
falta de sufrimientos y tragedias
me estás robando la respiración
con cada verso mío que maleas,
con cada subterfugio que utilizas
con la malicia consentida y plena
de quien le roba el alma a otra mujer
porque quisiera parecerse a ella.

No hay nada más penoso que saber
que en el pecado está la penitencia.

Las reclamaciones al maestro armero.







Cuando sea tu boca la reclamante
porque vueles al pairo de mis malicias,
cuando te reconozcas como oficiante
y por tu cuenta y riesgo vayas delante,
no tendrás que alquilarte por más caricias.

Porque para mentirme me sobro y basto,
no necesita actores mi desatino
que de sus emociones hagan malgasto.
Ni me alquilo, ni vendo, ni me subasto,
ni reparar las almas está en mi sino.

Nos parecemos tanto que está mi orgullo
echándole un mal pulso a tu prepotencia.
Si tu finges, yo miento tras un murmullo
las verdades que dicen lo mío es tuyo
y lo tuyo es tan sólo de la apariencia.

Porque sólo me gusta que sea mío
lo que elijo y el resto no me interesa,
no doy saltos mortales ni desafío
la iconoclasta forma en que, a tu albedrío,
juegas al desamparo con una presa.

Y hay tantas bocas dulces, tantas espigas
que esperan fingir mieses en tus abrojos,
que no voy a extrañarme de lo que digas.

Yo sólo soy la boca de las ortigas
que crecen en la cúspide de tus ojos.

lunes, 10 de octubre de 2016

Pasmarotes.





Finge si te apetece. No será la primera
vez que miras el agua desde el puente del tedio.
A mí no me hace falta teatralizar guiones
que, de tanto vivir, resultan siempre viejos.

Tú sabes y yo sé que finge quien no tiene
un bagaje a la espalda que le ponga remedio
al pasar de puntillas por la cuaderna vía
de la vida y la muerte y el amor y el misterio.

Ese que mira al mundo con los superficiales
ojos de las estatuas viendo pasar el tiempo
desde la indiferencia, porque no les horada
ni la luna ni el sol ni la lluvia ni el viento,
porque no tienen tripas que colgar en el aire
ni carne que les duela en el dolor ajeno.

Pasmarotes, blandengues, miméticos llorones
que tienen del novato la suerte en el estreno,
e imitan como loros la función de los otros
y viven de las glorias que otros merecieron.

Tanto ellos como ellas
o ellas como ellos.

Así que no me digas que finja algarabía
para resucitar algún cadáver yerto,
que me importa un ardite, ya que bledo malrima,
el que hace oídos sordos ante cualquier estruendo. 

Dejó de merecer la pena seducir
a varones domados que se asoman al ruedo
y fingir empatía como una buena actriz
que rompe corazones a golpe de bolero.

Se me hace cuesta arriba salir de mi verdad
por dorarle la píldora con los brazos abiertos
al abrazafarolas de turno que se va
porque no hay suficiente cuota de arrobamiento
ante la excelsa obra que va mostrando ufano,
como prueba de un arte del más rancio abolengo.

Que no. Que no. Que yo prefiero ser mi sombra,
mi punto de reunión, mi eutexis, mi consuelo
o mi desolación, mi ecuménico ombligo,
mi falta de piedad para los traicioneros.

Que prefiero ser yo, sola y muerta de hambre,
que vender el impulso, la libertad o el credo.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Insurrecto.





Te quiero mucho más de lo que te imaginas
y por eso latigo tu dúctil intelecto.
De qué voy a servirte si ajeno no adivinas
qué pretendo de ti, cual es el dialecto

en que te estoy hablando sin taimadas doctrinas
por azuzar tu hombría al salto más perfecto
que obligue al corazón de todas las rutinas
a someter sus voces a tu voz de insurrecto.

Porque eres mucho más que un estro temerario
y yo no soy la Shiva que oculta en su brumario
colecciona cabezas y mata lo que toca,

empieza por mirarme con los ojos despiertos
verás a una mujer que sólo cree en los muertos
que quisieron morirse con su nombre en la boca.

Homo





Hombre y contradicción: volver sin irse,
deambular sin dar un paso al frente,
hablar desde el silencio de un demente
y con brazos de escombro, construirse.
Monógamo implacable, repartirse
entre todas las hembras del estero,
mentir con las verdades del barquero
y gozar la entelequia con el tacto.

Nauta virtual, remero de lo abstracto,
de sí mismo extranjero.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Abstracción.






¿Qué pasa? Estoy cansada, sí, cansada
de tanto arrebatarme sin sentido
al borde de lo abstracto, compungido
el prieto corazón de la granada.

De indiferencia estoy exacerbada,
se me hace cuesta arriba el recorrido
y me acidulo, fruta descarnada,
sobre la negra lengua del olvido.

Estoy sin casi estar, ni voy ni vengo
por mi profundidad, ni me entretengo
en prolongar la letra del orgasmo
que pugna por llegar pero no llega.

El silencio es un plácido estratega
que se empeña en matarme el entusiasmo.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Rabiosa.






amanecí otra vez invocando la llama
como un bosque talado
repleto de maleza

perdida e impotente
como una maleta en la consigna
de algún sueño inservible

rabiosa
como un gato montés en una jaula

amanecí de nuevo amotinada
contra la realidad

pendo de un hilo
a punto de romperse
de impaciencia

Solo letras.






Donde yo digo amor, debe decir su rostro
y donde digo tacto, su deseo.

Allí donde de pie alzo el puño, su guerra
y donde me atrinchero, debe decir su boca.

El resto da lo mismo, sólo letras 
sin una fe de errata.

Sonríeme.





No te angusties por mí, que estoy despierta
y necesito tu clarín, tu fuste
para un brindis al sol. Que no te asuste
la gárgola sentada ante mi puerta.

Tantas veces ganaste la reyerta
contra su mano de desbarajuste,
que puedes inventar cualquier embuste
para dejarla muda y boquiabierta.

Anda, sonríeme, que gira el mundo
tan absorto en debacles sin castigo
que la mía no es más que una de tantas.

Ríete de su rostro tremebundo
que ni agua hay que darle al enemigo
y mientras ríes tú, mi pena espantas.

El círculo de las dudas.






yo soy la misma poco resignada
a no tener respuesta a las preguntas
que no dejo de hacerme

no me gustaron nunca
los arrebatos místicos 
ni los lirismos exacerbados
y siguen sin gustarme

sigo siendo la misma
 empecinada
en contarte mi sangre
 en que me cuentes
de qué color envejecen tus huesos

quizás me estás mirando
 como te miro yo
con los ojos cerrados y el corazón abierto
y a corazón abierto
 tú lo sabes
todos somos más guapos

lo único que sé
 es que no he de morirme
que no quiero morirme
sin haber dicho todo

quiero cerrar el círculo de dudas
beber todas sus aguas
besar todas sus bocas
parir todos sus hijos
 penar y disfrutar todos sus hombres
si pasan por mi mente
y sólo puedo hacerlo ante el papel en blanco

yo soy la misma
tus ojos
al mirarme
son distintos

domingo, 4 de septiembre de 2016

A ese lo compro yo.







A ese lo compro yo. Dime ¿Qué cuesta?
¿La libertad, la paz, un magnicidio,
o tan sólo tu gesto de fastidio
por la boca que esconde su respuesta?

La manzana podrida de la cesta
la quiero para mí, su voz de ofidio
reptando por los muslos del suicidio
con cara de ganar siempre la apuesta.

¿Disoluto y voraz, dices, vampiro?
¿Nosferatu del aire que respiro?
¿Visionario y Babel?

¿Cuánto vale su vil bala perdida?
¿Qué precio hay que pagar? ¿Sirve la vida?
Yo me quedo con él.
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