MOD Quintana en Ultraversal.com (2007) Nunca lloverá bastante para limpiar ciertos trastornos de personalidad.




Mod tiene una manera de jugar que es hiriente
y hace de lo mordiente un rito travestido.
Le gusta provocar escándalo en la gente
y esconde la ternura que late intermitente
entre el sujetador, la tanga y el olvido.

Mod habla por hablar, retuerce, gira, dora
en su sartén mordaz algún vocablo impío.
Se esmera en dar la imagen de diva abrasadora
o de la tipa dura que no da ni la hora
a quien no le produzca un buen escalofrío.

Y sin embargo, Mod, disfruta sensaciones
que no tienen que ver con repartir estopa.
Como toda mujer es presa de pulsiones
que en la virtualidad, a veces, son razones
para ir disparando metralla a quemarropa.

El problema es que yo le he guipado el plumero,
como le veo más escrotos de la cuenta,
más huevos que al famoso caballo de Espartero,
con un empeño tonto en ir de caballero
cuando con dos ovarios cualquier guerra se enfrenta.

¿A qué cuento el afán de pasar por un nene
si a nadie le interesa la flor de tu entrepierna?
Parecer un gañán provisto de un buen pene
no te da la razón, ni ser indio cheyene
hace más literaria tu lengua posmoderna.

Relájate, miniña, que no me gusta verte
con el toro de Osborne bebiendo Coca-Cola
y desargumentada. Yo te creí más fuerte,
legionaria aguerrida, la Novia de la Muerte,
y resulta que eres un ganster sin pistola.

Me conoces muy poco para quererme tanto
pero estoy, te lo juro, de vuelta del espanto
que oráculos viriles, como tú, profetizan.
Nunca estará de más, ¡Oh dulce Mod Quintana!
que te aprietes los machos en casa de Morgana.
Mis cachorros, ya ves, solos se barbarizan.


 

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