Yo no llamo a suicidas.




¿Qué podrás encontrar si acaso horadas

mi tierra más profunda con el verso afilado?

¿La oscura Varanasi de cálidos monzones?

Sólo un vacío enorme
y un estruendo de élitos furiosos
que violenten tu ánimo.

Mi poeta no miente ni cuando le torturan
y no sabe fingir doradas tentaciones
por las que despeñarse,
porque nació al disturbio de la vida 
con esta vocación de alto acantilado
que no me deja en paz hasta que salto
un día y otro, y otro, 
y otro día.

¿Crees que yo no quisiera ser rosa de Damasco
y vestirme de púrpura y magenta
para que te arrebates si me miras?
Pero no me amotino ni cuando Dios me observa
con tus ojos sexuales
incitándome al verso.

Para qué el grito, di,
si el Kalahari es sordo y no se acaba nunca
y no hay una emoción que me motive
a acariciar el rostro de algún hombre.

Sólo estarás si quieres.
Yo no llamo a suicidas.

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Akhenazi. Espacio a tu costado.