Amistosamente crudelísimo







Lo tuyo no es amor, no te equivoques,
es otra cosa:
cariño, afecto, sexo rutinario,
costumbres adquiridas,
y no sublimas porque ya no sientes
lo que sentías cuando sublimabas
hasta el humo
 de un pitillo
 post-coital.

Así de simple es, el tiempo pasa,
y en el poeta pasa la pasión
que le ponía alas al orgasmo
y sal a las heridas de los celos.

No te engañes si el fútbol es música de fondo
de  lo que no trasciende a la fisiología
y no ves a la diosa
que antaño te miraba con ojos de infinito
y te hacía vibrar en los poemas.

No es que el amor no sea lo que el poeta canta
es que te acomodaste en tu propio vacío
al silencio estruendoso
y ya no te apetece gritarle tu deseo
ni recorrer su espalda
con la lengua lasciva de los sueños.

El cuerpo pesa como pesa el alma
al correr de los años
mas no estés tan seguro
de que eres inviolable
dentro de la crisálida que te has construido
de suave algodón blanco
y pídele a los dioses
que no te descerraje los esquemas
cualquier amor tardío
de boca promisoria y manos esquizoides.

Sería muy penoso (lo digo sonriendo)
verte hacer equilibrios sobre la cuerda floja
con el alma desnuda
y el cuerpo desquiciado en su cuchilla,
mientras Ravel te late en los testículos
con su sensual bolero
sin un glorioso gol que llevarte a la boca
para paliar el ansia de volver
al tálamo de seda de Aracné.

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Akhenazi. Espacio a tu costado.