Entonces, el poema.







Siempre en búsqueda, tú,
temiendo despertar en el vacío
de cualquier emoción.
Indiferente 
ante el amor y el odio.

Siempre en búsqueda, yo, 
acorralada
por palabras que no pronunciaré,
rimando tus costillas con mi pelo,
tu bulimia poética con mi eterna anorexia

y poco más

porque ni tú ni yo soñamos
con despertarnos juntos
allende el horizonte de la mediocridad.

Perdóname.
Estoy tan perforada
que no retengo un poco de alegría
para poder pintarte una sonrisa tierna
en la mueca del asco.

Entonces, el poema,
hace acto de presencia
y nos lame los ojos de mirarnos.

Somos dos ciegos que se reconocen
tocándonos las letras del deseo.

Entrar en confianza tiene sus desventajas
y fingir no será la opción apetecible.

Yo de ti me pensaba
si merece la pena
silabear mi nombre desgastado.

Nautas

Googleros

Akhenazi. Espacio a tu costado.