La última Coca-Cola del desierto.



Como si no pudiera estar la inteligencia
unida a la belleza, surge el tópico memo
que tiene que elegir siguiendo algún baremo
que le han marcado otros idiotas sin esencia.

Como si se vendieran en los supermercados
por un lado las guapas y por otro las feas,
nerviosas y expectantes por sentir que las meas
porque eres el último torito de los prados.

Hasta la más imbécil sabe que se maneja
a golpe de cadera al tonto que no ceja
en la infeliz tarea de hacerse el seductor.

Porque no existe un hombre con dos dedos de frente
que no sepa de sobra que a una inteligente
no le atraen los salidos cuando busca el amor. 

La hembra es la que elige, ególatra boludo,
la que consiente o finge ser la Eva al desnudo,
mientras pagas, ingenuo, por su ropa interior.


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El problema eres tú, la consecuencia
de esos otros que citas como "loros",
y el desprecio eres tú que rimas oros
con las dagas de tu concupiscencia.

Eres tú el que va de selectivo
cagándote en presuntas carceleras,
el que está por encima de fronteras
en cuestiones de amor interactivo.

Sólo tú quien se jacta de dar muerte
a cualquier hembra que te caiga en suerte
para acabar meándole en la cara.

Porque te crees el Premio del Concurso,
por más que luego cambies el discurso
cuando alguna pistola se dispara.

Menos mal que yo sé que el verso es beso
y que siendo un romántico confeso,

la boca que te oculta, te declara.



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