lunes, 13 de febrero de 2017

El rostro del amor.






El amor es un rostro tallado en la penumbra 
con el buril exacto de cada circunstancia 
unas veces impío, otras piadoso 
sátrapa o libertario 
según te inclines sobre el blanco papel. 

Todos son temporales, todos sin excepción 
te dejan de morder en la consciencia 
y acaban confundidos 
en la dura argamasa existencial
de sangre y semen
 como atávica memoria del deseo 

y sin embargo 

el amor tiene un rostro inconfundible 
apenas entrevisto con los ojos del alma 
de un sólo hombre
que siempre permanece 
por intuido 
como el perfecto látigo del sentimiento 
Leónidas y Jerjes en encontrada unión 
y el armonioso espanto de su simbiosis 
en la mítica amorosa del enigma. 

No todas las mujeres lo conocen 
ni todas lo conciben aferradas 
al último peldaño 
de la escalera gris de la emoción 
que siempre llega a muerte 

pero otras lo sienten cuando salta salvaje 
el muro de los sueños 
y llegan a morderlo en su brutal certeza prehistórica. 

El amor es un hombre que habita lo entrañable 
y aglutina en su instinto la bipolaridad 
de Dios y del Diablo 
y la pone a los pies de tu imaginación 
jugándose la vida
sin dar un paso atrás 
hasta tu vientre místico.
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