El final de una estirpe.








Es probable que sea el final de una estirpe

y ojalá así lo fuera. Me revienta

ese maullar constante en los tejados
que taladra el oído impunemente,
y el restregar contínuo de su celo reptante
por cuanta pierna-macho
se encuentra en el camino.


Ya está bien de mohines en cuclillas,

de versos genuflexos,
de pezones eléctricos, de plásticas vaginas,
y de esa forma estúpida
de ensalivar el chicle candomblé.


Y ya está bien, sobretodo, 

de cajones vacíos
disfrazados de cajas de Pandora
y de poner carnívora la voz
para ulular vientos vegetarianos.


¿Qué hay dentro de ti que tanto me repele?

¿En cuántas como tú se aburren los instintos
que se pregonan muertos,
con el tam-tam masai del deseo perpetuo
en su perfecta abulia?


¿Cuántas hay como tú

-satisfecha fingida-
hambreando pasión, desesperadamente?.







Verá usted, cuando una mujer reduce su vida literaria y su obra circunscribiéndola a la consecución de un único objetivo, cuando para conseguir ese objetivo salta sobre el dolor de otras mujeres que no pueden usar sus mismas armas porque nacieron con un mínimo de ética, pudor o timidez y en definitiva están menos vacías, cuando traiciona a su propio género arrastrándose y arrastrando a las demás de paso, cuando además lo hace de forma subrepticia manipulando emociones e instintos primarios....cuando todo esto ocurre, digo, y una lo observa, lo mastica, pero no lo deglute, no queda otra que vomitar. 

Ni puedo, ni quiero ser más explícita con este asco mío tan personal y tan inevitable. No soluciono nada porque desde que el mundo es mundo existen las babosas cuerpo a tierra, son todo un prototipo, pero me quedo como Dios después del séptimo día creativo, con un desliz de estos de cuando en vez.

Algún día, haré el etograma de estas fieras, que ante el más mínimo estímulo, reaccionan comiéndose a sus hijas, si hace falta.

 No me lo tenga en cuenta si le parezco demasiado mordiente.
Sí era mi intención.

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