Malérrima.





La piedra no confiesa ni bajo la tortura
de un gota a gota eterno.

Yo no fuerzo el silencio
ni me aferro a su clavo de certeza.


Ocurre, simplemente,
cuando el puente se rompe
porque no aguanta el peso del reproche.


Ocurre si la voz se vuelve inteligible
y zozobra promiscua y se debate
entre el sí pero no, de quien presume alzado
de sus claves perversas.

Tú eres aire,
te respiro, me circundas,
pero no soñaré que te domino
por haberte golpeado el rostro inexistente.

Yo acabo en el vacío
como un puente de nadie tendido a ningún sitio
y lo tenías claro al diseñar el tuyo.

Guillotíname con todos mis motines
y acaba con las dudas,
pero asegúrate de que no me levante del cadalso
porque eres hombre muerto
Andrea VIII
tú y las Seymoures que te lamen los pies.

De algo ha de valerme ser malérrima.

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Akhenazi. Espacio a tu costado.