Yo, mi, me, conmigo.





Pasa el año y el mundo continúa
su esquizofrénica huída hacia adelante.
Aguanté el empujón. No fue bastante
para la fe que en mí se desvirtúa.
Mi corazón hastiado sobreactúa
en el teatro de lo conceptual
pero la mierda flota en un fangal
de conmiseración y victimismo.

Los dientes se me afilan con el mismo
hartazgo con que escupo lo banal.

El ambiente rebosa campanillas
y el tópico amoroso se debate
entre la patochada del dislate
y la emoción fingida en angarillas.
Todas las flores de las buganvillas
sueñan abrirse al sol de mi blasfemia
porque me he convertido en la pandemia
que asolará sus ripios de futuro.

Inimitable en este claroscuro
de luces asombradas de bohemia.

No hay nada que perder ni que ganar
nada intenso saldrá de boca alguna
nada que me alborote en la comuna
de retóricas sin acidular.
Nada que me apetezca modular
con voz de princesita en su atalaya
nada que no me lleve a la metralla
que violó mi carne sin recato
y desgarró mi dulce anonimato.

Soy yo, mi, me, conmigo en la batalla.

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