Dos bocas para un sismo.






Será que te conozco en lo bueno y lo malo,
desde lo más profundo hasta lo intrascendente
que si te circunvalo
sin pausa ni intervalo
de mi boca a la tuya crece una flor demente.

Será que está el sendero de tu boca a la mía
cubierto por un mar de sal infranqueable
que en una alegoría
permuta la osadía
de besarnos a oscuras con las lenguas de sable.

Tu vocación de caos fugado de ti mismo
copula con la mía circulares esperas.
Dos bocas para un sismo
que acaba en cataclismo
tras los amantes ojos de nuestras calaveras.

Y vas a ser eterno cuando acabe contigo
y escriba la leyenda que me bulle en la mente
como un dulce castigo.
El mundo por testigo
del amor de una muerta por un hombre inclemente.
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