Los pueblos de tu nombre.




LOS PUEBLOS DE TU NOMBRE
por ALEJANDRO SAHOUD.



______________________________________________ Magicia



- ¿ Y qué ves?

Ella inclinó los ojos y le quitó una brizna de entre un pliegue de las alas de piedra.

- Allá – insistió ella, extendiendo su brazo con la misma suavidad con la que él desplegaba las alas para el vuelo.
- ¿Eso en la bruma? Es una construcción sobre la bruma, sobre el agua del mar...Parece una ciudad en una isla...una ciudad que flota...
- Háblame de lo que ves.- susurró ella -¿Qué hay en la ciudad?
- Está muy lejos...quizás haya sueños...porque una ciudad no puede flotar sobre el mar...un castillo no puede flotar sobre el mar. Y lo estoy viendo. Quizás, un espejismo. 

- ¿Sueños?..¿O un espejismo? 

- Sueños...los espejismos se terminan. Deben ser sueños, por eso flota sobre el agua y se alarga hacia el cielo...por los sueños. Tienen esa condición.

Aunque no la miraba, supo que ella sonreía a su lado, mientras el viento enredaba su cabellera blanca en las plumas de piedra de las alas de él.

- Eso...es Magicia.- escuchó, antes de que ella se echara al mar desde la cima del acantilado.




_____________________________________________ Origamia




Llevaba un retrato en el morral y preguntaba a todos en las calles, imponiéndoles la visión de retrato: “Has visto a La Mujer”.

Los habitantes todos lo miraban, porque el retrato vacío tenía solamente escritas dos palabras: “La Mujer”.

Pero él insistía, como enfermo de algún mal incurable que debiera encontrar un mago curandero en un mundo sin magos.

“Esa Mujer no existe” se animó a decirle el que cuidaba burros, indicándole irónico el retrato vacío y las palabras. 

El señaló entonces todos los papeles de los que estaba hecha la ciudad, tanto y tanto papel escrito de formas infinitas, sólidos como muros, voladores como pájaros, luminosos como farolitos, altos como palabras, profundos como el cielo, tristes, como él mismo.

- Esa busco. 

- Esa es lo que estás viendo. No tiene forma. Es lo que estás viendo...papeles con palabras. 





_____________________________________________ Rumoria



Frecuentemente verde, llegaban todas las aguas hasta allí y en el aire, infinitos cerezos deshacían un plumón de flores como niebla. Una niebla rosada igual que el horizonte del acantilado, que se perdía en el mar de su memoria cuando él decidió cruzar el otro mar.

Todo era un susurro de palomas y hierba, alrededor del viento. 
Todo era viento. Imágenes de viento. Movibles. Transparentes. Cambiantes. Habladoras. Cercadas por los verdes y las cortinas de flores de cerezo.

Pero él podía oír a un mismo tiempo, la fuerza de lo fuerte, como un don natural igual que el viento, el árbol y las aguas.

Decidió dejarse guiar por el oído. Atender a las voces de las cosas como si fueran espíritus cautivos en una sola voz.
A veces era sabio.
Supo que ella le hablaba desde el mundo infinito del silencio.




_____________________________________________ Grutelia 




La suave oscuridad de los fantasmas dejaba evaporar el resplandor antiguo de la antorcha.
Y llegaban las sombras a suavizar el fuego y luego el fuego regresaba para quemar las sombras.

Las grutas en la piedra tenían símbolos en todas sus paredes.
Y él, seguía con el tacto ese idioma que contaba la historia de los hombres con un buril de espanto y una espina de tronco de naranjo.
Cantaba, para no tener miedo, las cosas que leía. Las cantaba en voz alta y a través de la piedra, le regresaba el canto en otro idioma, como un eco que llega de otro mundo.

Las grutas lo guiaban al interior del hambre, al fondo del amor, a las largas estancias de la muerte y a veces, hacia el cielo, hacia el sol, hacia las luces.
Las grutas lo guiaban por sus propios caminos en otra voz distinta.

Hizo noche en Grutelia, igual que en un vientre de mujer.





_____________________________________________ Almaria




La de las catedrales y las bóvedas, la de los cementerios y los jaspes, la del sol sobre el agua.

Estuvo un rato mirando a la pastora, que llevaba con cayado de nácar y látigo de púas un rebaño de luces y de sombras, hacia los territorios prohibidos.

Sobre el peñasco gris estuvo fundiéndose entre la piedra, los árboles hirsutos y el llamador de viento, casi sin darse cuenta, porque sus ojos estaban en el valle.

Ella andaba desnuda apacentando el aire y los espejos, con la naturalidad en la indecencia que tiene una leyenda.





______________________________________ Nutricia



- ¿Y qué comen las gárgolas? ¿Humanos imprudentes? ¿Malas aves? ¿ Heladas y frambuesas? ¿Vientos y almas? ¿Corazones oscuros?

- No creo que haya comido antes de ahora. No sé que cosa como...pero sí sé que cosa me alimenta.

Ella extendió los dedos y enjugó una gota de sangre en el ala de piedra. 

- Pensé que no...pero llegaste...Nadie encuentra el camino.-murmuró, con asombrado alivio.

Él le enredó una flor de papel y palabra en el cabello.

- ¿Y qué come una gárgola?- insistió ella, tomándole la garra para dejarle sobre ella el corazón.





___________________________________________ Avalon


- Ahora sabes...- le dijo ella y señaló la ciudad que flotaba sobre el mar en la niebla – Nadie sabe llegar...o nadie puede. ¿Sabes como se llama la ciudad?

- Magicia.- respondió él

Ella bajó los ojos y curvó la boca de la sonrisa trágica, con un mohín de niña.

- Sólo esta vez, llamémosle Magicia.


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