Aterriza, si es que puedes.

Morgana de Palacios.  Guerrera extrema, vehemente y altanera. Kamikaze suicida. Si nadie lo remedia, inmolarse es tu destino. Tan perdida en el laberinto de tus miedos, siempre blandiendo la espada, a tajo (¿atajo?) descubierto. El arma blanca nunca vencerá a la luz por más que se acuchille el aire con el doble filo. Es un desgaste pésimo para  cuerpo y  mente. La seguridad y fuerza  que desprendes en cada discurso no hace más que reafirmar el profundo temor y debilidad que acompaña tu fuero interno. Cansina labor la tuya de ir meando setos, marcando terreno, sacando las uñas, desmoñando a diestro y siniestro, desclavando picas, imaginarias o no, en Flandes… Gritando hasta el punto de la afonía que no ha nacido mujer que te arrebate al Cuervo. Tan patética  que uno termina por compadecerse de esa locura enfermiza y obsesiva que acrecienta tu leyenda.  No  sé si habrá nacido o no la fémina en cuestión, lo único real que dices es que para seducir a un hombre como él hay que ser Morgana de Palacios. Seducir no es “enamorar”.  Le seduces con la palabra, nadie discute que en eso eres la reina. Le estimulas intelectualmente y nadie puede quitarte ese puesto porque, sencillamente, no hay nadie que haga el amor con el verso como tú. Pero no te engañes, a un hombre como él, no le enamora una mujer como tú. Eres su igual, polos negativos ambos. Lealtad y cariño jamás te faltarán pero ahí se terminó. Y lo sabes. A veces, las certezas provocan heridas difíciles de curar y de enfrentar. Si uno no quiere abrir los ojos, termina a ciegas, hace frente a todo lo que se menea; lacera  y pasa a cuchillo a inocentes y culpables, sin atender ni comprender las razones. Sólo nos mueve el gesto maquiavélico de la ciega injusticia que no repara en cariños y lealtades ajenas por considerarlas un signo de debilidad en esa cruzada advenediza que te sesga el raciocinio.

Yo jamás cuento mi vida a nadie, eso bien te lo pueden corroborar aquellos que son mis amigos, mis amigos de verdad. No soy Roberto Carlos, ni tengo ni quiero un millón. Los pocos que son, ni más ni menos los que deben ser, junto a mi hija son mi mayor orgullo en la vida. Bastante me echan en cara que siempre desvíe las conversaciones hacía sus vidas y no las centre en la mía. Así que si aún queda algo de nobleza en el lacerado corazón del Cuervo, una vez consiga controlar la soberbia  y la rabia, esas dos mujercitas inmisericordes que lo dominan por completo en estado de derrumbe, tal vez corrobore que jamás le hostigué ni perseguí privadamente para contarle mis penas. Las pruebas están en el historial de conversaciones de hangouts, disponibles siempre y cuando su copia y la mía sean revisadas ante notario y este de fe que son idénticas Si tantas pruebas veraces se acumulan en su boca y en la tuya, ahí están todas. Palpables y tangibles, el testimonio escrito. Nada de boca a boca. Si uno carece de técnica se ahoga en su propia expiración, señal que el masaje cardíaco no fue el correcto o no acompañó la acción.

Créeme cuando te digo que mucho aprecio te tengo, Morgana. Si no fuera así, mi paciencia se hubiera agotado ante tanto embuste displicente, tanta pura verdad corrosiva e insidiosa, tanto análisis psicológico y psiquiátrico de aprendiz de hormiga atómica, tanta prueba veraz en cubeta explosiva de profesor chiflado… Si uno no sabe de la misa a la media, mejor mantenerse al margen.  Si no te tuviera el cariño que te tengo, ni mi equilibrio fuera tan férreo ante tanto despropósito,  hubieras visto mi lado más negro y créeme, mejor no verlo. La espada se fundiría en tu mano ante tus espantados y perplejos ojos.  Líbrame señor de los mansos… (descojónome).

Afortunadamente para ambas, tengo cosas más importantes en la vida que reclaman mi atención. Las batallas belicosas en las que soy muy consciente del daño que puedo llegar a hacer no me seducen desde hace muchos años. Me centro más en el control y en la paz de espíritu, estas son más difíciles de lograr y  un reto más acorde a  mis capacidades. Dañar es fácil.

Siempre respeté e incluso admiré a personajes maquiavélicos e inteligentes. No es ningún secreto que el Vizconde de Valmont y  la Marquesa de Merteuil son de mis favoritos, mucho más el primero ya que es ella quien pierde la batalla, a pesar de creerse invencible. Las amistades peligrosas o más bien las "relaciones" si tenemos presente la traducción "Les Liaisons dangereuses"... 




Te seducirá el verso y el alma... así es ella




Hace mucho que no te leo, Mabel Lemos, así que debo ser la última en enterarme de lo mucho que me quieres y me extrañas. De saberlo, te hubiera contestado antes para agradecerte la hermosa manera de publicitar mi blog y de aconsejarme con la buena voluntad que te caracteriza sobre mi vida, mis amores, mis miedos y mis demás desgracias. Parece mentira que me conozcas tan bien sin haber intercambiado palabra de modo personal, ¿verdad?.

Pensé que te habías marchado de Google, pero veo que no has podido resistirte a su enorme magnetismo, y ahí estás, tan delicada y sutil como siempre, levantándole el ánimo a las almas buenas.


La hija de mi madre se te escapa
de las manos calientes de la noche,
no intenta seducirte ni abre el mapa
de la lamentación, por ser más guapa,
ante tus ojos turbios de reproche.


Amenazarme a mí es tan patético
como encelarte por lo que me aman.
Puedes odiarme con afán frenético
que me lo paso por el hipotético
arco de las envidias que difaman.

La hija de mi madre no precisa
de circunvalaciones varoniles
ni necesita bocas con la prisa
del que te desabrocha la camisa
antes de haber prendido los candiles.


Aprende a contener veneno y furia
si quieres ser la Reina del Sarcasmo,
porque se nota mucho la lujuria
que te lleva directa hasta la injuria
si él no corresponde a tu entusiasmo.

La hija de mi madre no se inmuta
por juicios de traumadas viciosillas
que haciendo gala de su prosa hirsuta
se ponen en el rol de dama astuta
y terminan llorando de rodillas.

Podría cargar tintas y hacer chistes
(tu currículum da para unos cuantos)
pero los resultados son más tristes
de lo que te imaginas. ¿Por qué insistes
en culparme de todos tus quebrantos?

La hija de mi madre cuando quiere,
lo hace sin pedir permiso al mundo
ni exigirle al amor contrapartida.


Esta hija de puta, no te hiere
porque me hieras en lo más profundo.

Son cosas de la vida.



Ella te enamorará con sus ojazos y su enorme A-mabilidad risueña...

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