Femineidades. Sonetario.





Así se desparrame abúlica la vida
por lo que queda hoy de un julio roto
y los extraños hurguen en mi herida
para ponerle freno a tu alboroto.

Así caigan de punta los chuzos de la histeria
sobre tu corazón reseteado
y de las vanidades de esta feria
surjan las pirotecnias del pasado.

Así se pare el mundo o arda Troya
con todo su arsenal y la tramoya
del teatro poético reviente,

acostúmbrate a mi dentro del pecho
que no hay muerto que ejerza su derecho
con más fuerza que yo, viva y presente.


*******


Él no sabe querer y yo tampoco
y sin embargo nos queremos tanto
que en la contradicción está el encanto
de desangrarnos juntos poco a poco.

Él huye de los cercos, yo me enroco
con cualquier voz que muera de quebranto,
por esta vocación de camposanto
que me contagia su escapista loco.

El monstruo del amor no sabe amar,
pero es especialista en arrancar
jirones de mi piel a lengüetazos.

Y yo disparo balas de fogueo
atolondradas, en un escarceo
que no termina nunca entre sus brazos.


*******


Como no sé qué darle, no le doy
y tampoco le exijo que me dé.
A mí me basta con tener su fe
y a él con que me muestre como soy.

Desde hace mucho tiempo siempre es hoy.
Un hoy sin pasaporte ni carné
para un pasado escrito en el cliché
del olvido futuro hacia el que voy.

Como no sé qué darle, me entretengo
haciéndole sufrir cuando me vengo
de la férrea emoción con que me ata.

Y él se venga de mí con tanto arte
que me convence de que formo parte
del resumen de su desiderata.


*******
Yo que vengo de vuelta del baile de la vida
y que a ras de la muerte descanso, me someto
de palabra y de obra, cáustica boquiherida
al cuchillo que el tiempo afila en un soneto.



Tú que ordenas la muerte en cada acometida
y la tiendes en prosa húmeda de alfabeto,
que sueñas la pistola ansiosa del suicida
y no eres tú si cantas amores en secreto.

Para qué nos miramos con deseo en los ojos,
por qué nos arrancamos las penas a manojos
y llenamos de espinas la tumba del amor.

Si somos dos pedradas en la sien del instinto,
hondas, alucinadas, ebrias del verso tinto
que empozoña la lengua donde acecha el dolor.


*******


Dolerme en él es casi una alegría
porque le extraño tanto, tanto y tanto,
que no me acuerdo de mi propio llanto
lluvia en el mapa de su anatomía.

Casi alegre el dolor, melancolía
en el difícil pulso del quebranto,
casi luz, casi flores de amaranto
coronando mis penas cada día.

Sonámbula de mí, despierto en él
como una algarabía de papel
que se disfraza de caricia muda.

Me duelo en él como se duele un beso
sobre la piel tristísima del preso
que sueña una mujer clara y desnuda.


*******


Aquel hombre que manda en mi cintura,
aquel que espero si no espero nada,
el que tengo clavado en la mirada
como un largo viaje a la locura.

Aquel que sueño así, contranatura,
aquel labio que beso divorciada
de cualquier otra boca que domada
me quiera dar amor y cobertura.

Aquel hombre, te digo, que parece
nacido para mí, cuando anochece
alinea planetas en mi nombre.

La misma desbordada que le escribe
no te puede sentir, porque no vive
más que para los ojos de ese hombre.

*******


Vienes y vas por mí, me circunvalas,
giras por mis ocultas cicatrices.
Sobre mi piel te dices y desdices,
córvido anochecer de negras alas.

 Niegas mi nombre, subes y resbalas,
por los costados de mis arrecifes.
Como un voyeur espías mis deslices
por seducirme con tus martingalas.

No me quieras querer, que yo no valgo
un gesto de tu boca, me aconsejas,
pero, varón, te creces a mi espalda.

No te quiero querer,  pero no salgo
del círculo vicioso de tus quejas
alrededor del vuelo de mi falda.


*******

Es bueno ser mujer desde tu boca
cóncava plenitud para la hombría
que florece en mi sangre cada día
en que tu verbo cárnico me toca.

Ungirme con el musgo de tu roca
como una adicta a la melancolía
del tacto mineral, alegoría
de la virilidad que me provoca.

Cántaro de hidromiel, aguamanil,
y lloverte en vocablos como Abril
llueve sobre la tierra su aleluya.

Fingir algún desmayo de papel
y golondrinear sobre tu piel
por el placer de ser mujer y tuya.


*******


Tienes la voz de vidrio madurado,
segura, cierta, honda y te deslumbra
la mía, si se interna en la penumbra
jugando a ser paloma a tu costado.



No creas que no sé que tu soldado
guarda un halcón en ciernes que acostumbra
a lanzarse en picado, si vislumbra
que a la caída libre está abocado.

Pero soy una estúpida insalvable
que sabiendo de sobra lo adorable
que le resulta a un hombre la dulzura,

me empecino en mirarles a los ojos
sin la estrategia de los trampantojos
con que eluden las mansas la amargura.

 

*******


Yo creí que en mis ojos habían muerto
las edelweiss de todas las montañas,
los azules tuaregs del gran desierto
y el niágara de sal tras mis pestañas. 


Que nunca más la voz. Que no el incierto
aguijón de ansiedad en las entrañas,
ni la virilidad a grito abierto
ni los celos que tejen mis arañas.

Yo no predije amor ni fe ni hombre
ni ateo que se inmole por mi nombre
ni comulgante con mis anatemas.

Y en vías de extinción me resucitas
como una marabunta de termitas
que se nutre, voraz, de mis esquemas.


*******

Pareciera que matas pero no matas,
pareciera que muero pero no muero.
Ni mi verso es maná para mojigatas

ni el tuyo para mentes de mal agüero.


Pareciera que huyen todas las ratas
de la sentina oscura de tu velero
y naufragamos juntos mientras me atas
a tu pecho suicida de bucanero.
 
Pareciera que muerdes cuando me besas,
que me niegas el tiempo de las promesas
porque vaya tejiéndome la mortaja.

Pareciéramos zombies de medio pelo,
pero nada más vivo que tu escalpelo
en mis verdes pupilas de cobra naja.


*******

Coartada y excusa, varón, tu boca,
para sembrar violetas en el desierto.
Baobab tu palabra de arisca sombra
para que no deflagren los pensamientos.

 Tu abrazo para el baile de los vampiros
si se infecta la sangre de los deseos,
azote de mis Cárpatos el altivo
verbo con que dominas el avispero.

De mi lengua a tu lengua, sin una afrenta,
se derrumban tabúes y las leyendas
crecen como las cruces en Transilvania.

 Me sujetas, te ato, ríes, te escupo,
me golpeas, te beso y en el indulto,
se alza contra el mundo mi carcajada.


*******

Que perdone el olvido mi desidia
para autocomplacerme en su regazo
y empecinarme altiva en este abrazo
provocador de celos y de envidia.

Que me perdonen ellas la exclusiva
que tengo sobre el morbo de su lengua
y me perdonen ellos, si no mengua,
mi extrañadura ciega y adictiva.

Al sol pido perdón por no mirarlo
y a mi último amante por dejarlo
a la intemperie vil de un lupanar.

Y tú, dolor, perdona si a distancia,
me enamoré de la beligerancia
de otra boca que ocupa tu lugar.


*******


No me quedan más pájaros en la imaginación,
huyeron de la quema en este Agosto ardido.
Se han llevado mi rostro, mi nombre, mi apellido,
las ganas de latir del corazón.

Ya no reparto pájaros para la rebelión
de todas las razones que matan el olvido.
Se me resiste el aire al vuelo desabrido
y el alma se resiste a la emoción.

Estoy pagando caro el íntimo arrebato
por no leer la letra pequeña del contrato
que firmé este verano cuando me volví loca.

Jamás decir te amo, en serio, al contrincante,
no te hará más feliz, pero es más alegante
que amanecer sin pájaros que beban de tu boca.


*******


Un día más de enigma y de letargo,
largo, torpe, marchito, gris, inútil,
el ejemplo perfecto de lo fútil,

inútil, gris, marchito, torpe, largo.


Agosto se despide sordomudo,
rudo, ciego, canalla, vil, dañino,
enquistado de rabia en mi destino,
dañino, vil, canalla, ciego, rudo.

Y yo que ando sin armas contra él,
que me dejado el alma en el papel
y he silenciado, autista, el sentimiento,

sólo aquí dentro, dueña solitaria
de mi memoria, plenipotenciaria
puedo escupirle a Agosto lo que siento.


*******

Para que no te duela, te voy dejando ir
a través de las dudas que te enervan la calma.
Perdóname si ayer no te quise sentir
porque no me dolieras en el fondo del alma.

No te puedo llenar de luces la pupila
en medio de este caos de pútridos resabios
y me limito a ser la última en tu fila,
como tú te limitas a sangrarme en los labios.

El mundo se transforma, mas sigue siendo el mismo
que sueña exterminarse, loco de inconformismo,
y ahora, más que nunca, está la suerte echada.

No quedan Rubicones para cruzar a nado
ni punto de retorno, pero estaré a tu lado
hasta que Dios decida cegarme la mirada.


*******


Éste es mi hombre-oscuro, casi ciego,
casi muerto de vida que le mata,
el pájaro abrasado por el fuego
que sueña el agua de mi catarata.

Ésta es su lengua dura e insultante
que sacraliza el asco y la amargura
y éste su corazón agonizante
y éstas sus manos sobre mi cintura.

Mi niño de cristal despavorido,
mi Quasimodo adusto y desabrido
que se rompe en pedazos si me nombra.

Mi loco, mi feroz, mi mar de fondo
viviendo en mí tan hondamente hondo.
Éste es el hombre-sombra de mi sombra.


 

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