Aguacero.






Crúzame la identidad
del verbo, la transparencia
del aire que me circunda
lleno de palabras huecas,
la longitud del cansancio,
la latitud de la espera.

Crúzame la boca-puente
con las alas arcangélicas
y al borde de mi vacío
invéntame una tormenta
para que llueva nocturna
tu sangre sobre la tierra
sacrílega de mi nombre
que en tu boca se despeña.

Tú que no concibes límites
ni alambradas ni fronteras,
que viajas de sol a sol
y de sombra a sombra llegas.

Tú que sabes de silencios,
de egoísmos y de entregas,
que sabes de seducción
y de atracciones perversas,
porque de hombres y mujeres
intuyes las estrategias,

aguacérame los ojos
hasta que me abra de ideas
y con paso resoluto
cruza despacio mi lengua
que, a los gritos, anda loca
por la calle de tu ausencia.

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