Rigor vitae.




En algún sitio debe estar la luz
pariendo bestias nuevas.

En algún sitio extraño
esta insatisfacción
le cederá terreno a cierta plenitud
liberada de dudas,
o no
y desde mi profundo desarraigo
la fe tocó su fondo miserable
y seguir como un zombie sea la meta,
huir hacia adelante sin esperar milagros
y olvidarme del tiempo que otros miden.

Estoy harta de hacer tábula rasa
y empezar desde cero cada vez que amanece.

Harta de que arlequines de papel
me imaginen transida colombina
cuando no me da el ánimo
para acrobatizar boleros tristes.

Mi herejía mental y hasta mi altanería
no han llegado al punto de no reconocerme
y, al contrario de otros,
hay días enigmáticos
en que me cambiaría por cualquiera
de tan poco gustarme.

Me conmueve el disturbio de la vida,
pero la vida
no se inmuta por alguien como yo,
incapaz de sentir remordimiento.

Aún no he aprendido
a no esperar justicia en la injusticia,
o a que un inexistente me regale
el estremecimiento
de la primera vez.

Me está pasando cuenta
el negarme a comer lo que deseo,
limitarme a mirarlo con los ojos del hambre.

Me está pasando cuenta
ser capaz de olvidar
cuánto me amaron.
*
*
*

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