Sueños de futuro.

 
 
 
 
El futuro tan sólo está en los sueños
porque el hombre ha matado la esperanza
y a mí me da vergüenza que en Ginebra
hablen de paz en Siria
 o de ayuda a Nigeria
que es la siguiente presa codiciada por todos,
cuando el terror con voz de fanatismo
ya masacró la tierra y sembró el odio
en las generaciones que nos miran.
 
¿Qué queda por salvar?
Nada se salva.
 
Porque  la impunidad crea asesinos,
todo se contamina del espanto,
del salvajismo, de la ferocidad
que decapita ideas religiosas
y come el corazón del enemigo por conseguir su fuerza,
mientras graba la hazaña con los móviles
y grita con fervor Allah u Akhbar.
 
Cómo fingir que no sucede nada
si, por sobrevivir,
tienes que convertirte en otra fiera
mientras el ser humano involuciona
a cotas de maldad imprevisibles.
 
Jamás hubo un Edén que recordar
salvo en los sueños rotos del futuro.

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