Terca.

Hablar de ti me sobra. Eres tan aburrida,
te he visto tantas veces al fondo de mi fondo
que si no grito piensas que estoy agradecida
a la ergástula viva de tu abrazo hediondo.

Por verme tropezando, insomne y aturdida,
me acosas sin testigos y dentro, en lo más hondo,
germinas en nephente voraz, boquitorcida,
sin dejar de alunarme con tu ojo redondo.

Me ansías toda ¿y qué? Por mucho que te empines
no me tapas el sol ni matas los delfines
que acabarán saltando tu porfiada cabeza.

Si enmudezco será por tiempo definido,
hasta que vuelva a oír el rítmico latido
de la risa en mis pulsos. No te temo, Tristeza.
 
 
 
 
 
 
No soy tuya, Tristeza, no cantes tu victoria
que aún me quedan sueños y algunas realidades
para gozar despierta y guardo en la memoria
las guerras que has perdido contra mis soledades.

Sin prisa mas sin pausa, escribiré tu historia
vulgar por cotidiana en mis carnalidades
pero, nunca lo dudes, no te daré la gloria
de verme sometida a tus cautividades.

Como un junco, Tristeza, me doblego a tus vientos
para que no me arrastren mis propios sentimientos
ni me sajen el talle tus salvajes cuchillos.

Soy tan terca, Tristeza, que no me vuelves loca,
tan dura que si quiebro me rompo por la boca
y escupiendo los dientes, me crecen los colmillos.






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