Los tejados del hambre.

 



 
 
Deja de regalarme cuchillas como lenguas
que guardo un arsenal de cortaduras
y no me queda sangre
que derramar silbando.

No me busques más pies de los que tengo.
Soy una gata herida
que sabe de memoria los tejados del hambre
y no existe cadáver que no pueda saltar
cuando me entrego al vicio de unos labios.

No me siento culpable
de ser tan de verdad que en la mentira
el tiempo confabule a mi favor
y desencaje el verso de sus goznes,
ni de que se enamoren de mis dientes
hasta las mismas piedras.

Piso suelo sagrado si te piso descalza
y no temo,
las cruces invertidas
ni verte desmembrar moralidades
en el altar del morbo
por aguzar tu sílex de tragedia.

No culpes al tequila
del profundo placer con que me autopsias.

El tiempo es una hipótesis
que no tiene tus brazos
así que no especulo con sus símbolos
por más que me suicide de silencios
en cada una de tus estaciones.

Con los labios cortados de tanto remorderte,
bésame hasta romperme lo felino
y siente cómo afilo, pese al mundo,
mis uñas en tu espalda
porque eyacules sangre
que es
lo que te gusta.

(Los que esperan de mí el verbo ametrallante
que sepan que no estoy
que ya me he ido.)

Nautas

Googleros

Akhenazi. Espacio a tu costado.