Trilogía desamorada.

 
 
 
 
 
Cuando pasa el amor, por más que fuera
azimut del deseo compartido
y para la emoción sexto sentido,
se va como se va la primavera

camino del verano de un olvido,
como la luz se va por la escalera
que conduce al futuro donde espera
pausado el corazón del alarido.

Cuando pasa el amor y su lamento
se te aposenta en el remordimiento
de lo que pudo ser, mas no quisiste,

de qué vale prender fuego a la mecha
que sofoqué una noche insatisfecha.
Puede que fueras tú, pero no fuiste.


***


Llora por mí como si sucediera
un estruendo en los iris del pecado,
como si en la amargura, soterrado,
el amor le gritara que volviera.

Llora por mí como la vez primera
en que se descubrió enamorado,
como si en el descarte del pasado
no hubiéramos matado la quimera.

Llora perdidamente todo el llanto
que retuvo en las alas del quebranto
cuando yo le exigía alejamiento.

Y llora, llora, llora como un niño,
al que le arrebataron el cariño
por no poder poner puertas al viento.
 
 
***
 
 
Ya sé que muevo un dedo y desencajo
los goznes del futuro de tu risa,
que en huracán convierto cualquier brisa
que te acaricie el gesto cabizbajo.

Sé que el aroma de mi desparpajo
se ha quedado a vivir en tu camisa
y sensorial despierta a la imprecisa
pasión que vuelve a ti, si me relajo.

Y sé que una palabra de mi boca
admitiendo que aún me descoloca
tu manera de ser hombre y espuela

abriría la caja de Pandora,
pero como no soy la que más llora,
que mi silencio escriba nuestra esquela.


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