el ideal tiene las piernas largas
e n o r m e m e n t e l a r g a s
como anuncio de Vogue
y suele estar muy lejos de tu alcance
pero si alguna vez
por mano del demonio
consigues alcanzarlo y lo acaricias
sonámbulo de dedos
se pudre palpitante de gusanos
el ideal es un cuarenta y cuatro
de flojo percutor
en la sien de un romántico
que viste de cinismo por el día
con tal de acorazarse ante su influjo
probablemente tú
terminarás amando como un loco
que olvida madrugadas como un cuerdo
y a salvo de ideales
que son los que
en verdad
te despedazan
e n o r m e m e n t e l a r g a s
como anuncio de Vogue
y suele estar muy lejos de tu alcance
pero si alguna vez
por mano del demonio
consigues alcanzarlo y lo acaricias
sonámbulo de dedos
se pudre palpitante de gusanos
el ideal es un cuarenta y cuatro
de flojo percutor
en la sien de un romántico
que viste de cinismo por el día
con tal de acorazarse ante su influjo
probablemente tú
terminarás amando como un loco
que olvida madrugadas como un cuerdo
y a salvo de ideales
que son los que
en verdad
te despedazan
Un poema cínico, agrio, lejos de tomarse un tiempo para la redención, característica solo apreciable en Vogue y en el demonio. Vaya apertura dominical, la búsqueda de ideales corrosivos, me remonte sobre un recuerdo que flotaba inerte sobre mi “Hoy paré con la botella, todos saben lo difícil que es zafarse de ella, ella tiene el par de piernas más largas que vieras y hace que tu corazón parezca que aún siguiera”. Por suerte me mantengo a distancia de los ideales.
ResponderEliminarNamasté, estimada Morgana.
Creo, porteño, que los ideales van muriendo en nosotros con el tiempo, los grandes ideales que cambian el mundo, tú sabes, cuando te das cuenta que al mundo no hay quien lo cambie y luego, los ideales pequeñitos, personales, esos de andar por casa, mejor dejarlos en la vitrina utópica de los deseos porque si los alcanzas, nunca son lo que pensabas.
EliminarLa botella, sí, la gran conseguidora... mientras queda algo de su contenido, claro. (ríome).
No sé si el realismo beneficia pero al menos te mantiene a salvo de algunos desengaños.
Agradecida por tu visita, estimado.
Namasté.
Tu poesía tiene las piernas muy largas. Un abrazo. Namasté.
ResponderEliminarDos metros de eslora, por lo menos.. (ríome).
EliminarOtro para ti, Alfredo.
Namasté.
Los ideales, esas efervescencias mentales.
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo con Alfredo.
Un abrazo
Mó
Justo eso, Mó, efervescencias gaseosas que hacen plof.
EliminarAbrazo, guapa.
Namasté.
Las piernas muy largas, que arroje la primera piedra quién lo tuvo en sus manos... Un abrazo.
ResponderEliminarAys tú y tu venenito serpentéreo, Darío.
EliminarAbrazote.
Namasté.
Tu poesía no sólo tiene piernas largas, sino una lengua larguísima, que no se guarda nada (y lo dice ácida pero bellamente).
ResponderEliminarAbracísimo, Morg.
Vete a saber dónde está la belleza, Mirellísima.
EliminarYo intento ser dulce, no creas, pero se conoce que me empalagué de tanta azúcar y entré en coma diabético. (ríome).
Échale la culpa a la vida, esa sí que es ácida, querida.
Abracísimo, hermosa.
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¿Usted cree?
EliminarNamasté.
Hombre, yo creo que es justo al contrario. La fuga de la realidad se produce cuando crees que tienes al alcance de la mano aquello que consideras ideal, aquello que soñaste, y termina siendo arena entre los dedos.
ResponderEliminarIgual, el hombre tiende a idealizar situaciones, circunstancias, sentimientos, personas, precisamente porque no le gustan las realidades que le circundan.
Hay que equilibrar los tantos, Darkito, ya que no se le puede pedir a nadie que deje de soñar.
¿Tan pedante me ves, tio? (ríome).
ResponderEliminarBah, Sánchez Dragó y yo, sólo nos parecemos en el bigote. ¿q no?
Un abrazo, gansote.
Encantada de verte, Selma, tanto tiempo.
ResponderEliminarYa me pasaré por tu blog, a ver qué tal te va la vida.
beijos, hermosa.
Namasté.