Coma diabético.

 
 
 
 
 
(Con cariño y risas a Mirellísima).
 
 
Acállale la boca a la anguila dorada
que ve en lo femenino la sibilina fuente
de la vacua belleza que se finge consciente
y es la vergüenza ajena de la mujer templada.
 
Niégate a usar las tretas de quien, sin decir nada,
almibara los versos de un lirismo yacente,
la perdida en delirios de realidad ausente
que no mira de frente con la cara lavada.
 
La que maquilla el alba con rubores estetas,
cabalgando un vahído donde rima violetas
con nenúfar y lirio y temblor y placer.
 

La que llora diamantes y sangra en los rubíes,
la luciérnaga mansa de luces baladíes
que por gustar al hombre, renuncia a ser mujer.

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