El placebo de la palabra.

 
 
 
Yo sé que mi palabra le ha servido
a lo largo del tiempo de placebo,
de golpe, de caricia y como cebo
del pensamiento cariacontecido.
 
Y ha sido un pedernal para el olvido
la suya en mis pupilas, el relevo
de voces que no han dicho nada nuevo
cuando ladran sus cuitas en mi oído.
 
Lo pienso y me da igual que sea duro,
obsesivo, celoso, adusto, impuro,
porque este hombres es más que todo eso.
 

Y siempre me conmueve la apostura
con que se despereza su locura
bajo la húmeda presión de un beso.

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