El escritor.

 
 
 
 
No importa si es real o un espejismo
que a través de la lengua me conmueve,
ni puedo compararlo con la vida
y sus tiempos de arándanos silvestres,
porque un depredador de convenciones
no se pliega a las normas ni se mece
en la hamaca del sueño transcurrido,
cuando es dura la cama del presente.
 
Parece piedra pero es un junco
sensible a la menor brisa del este
que sobrevive a duelos tormentosos
adaptando su cuerpo a la intemperie,
biológicamente preparado
para escalar tragedias sin arneses.
 
Y puede prescindir de cualquier cosa,
hasta de lo que ama si le hiere,
puede dejar atrás su propia piel
y llagado correr sin detenerse.
 
Una sóla pasión incombustible
jamás podrá eludir, mal que le pese,
y es escribirse entero, desnudarse
impúdico y audaz por conocerse
y en la Literatura redimirse
a través de la fuerza de su mente.
 
De velociraptor tiene la boca,
de licaón la resiliencia tiene,
por eso es que está aquí, sangre y latido,
de un animal letrálico que siente.
 
Por eso escribe aquí, contra viento y marea,
por eso es que me quiere.


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