Albada.

 
 
 
A través de la reja se precipita el día
que a pasos de gigante la noche desvanece
y yo puedo morirme si es que desaparece,
el relámpago pálido con que tu cuerpo hería.
 
Cierra pronto el sarcófago de la eterna alegría
para eclipsar la luz que no se compadece
del espíritu oscuro de este amor que nos crece
cada noche y se escapa cuando regresa el día.
 
Haz que cubra tu sombra el quicio de la puerta,
engaña a las ventanas con tu negro atavío,
impide que el deseo se nos muera en la boca.
 
Que se acerca inclemente mientras sigo despierta
coronada de lirios y en mi libre albedrío,
quiero matar el día. ¿No ves que ya estoy loca?


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Akhenazi. Espacio a tu costado.