¿Quién dijo miedo?

Que nadie nombre el miedo frente a su cara
porque se desmelena como un Anteo
y da cuatro zarpazos al ajetreo
con que a oscuras le tienta mi boca clara.
Desde el punto de mira de un catalejo
me observa displicente tras el espejo
con la codicia alerta de un enemigo.
Mas si murmuro "miedo" moviendo pieza
como asténico tigre se despereza
para ponerme en jaque con su castigo.

Mi enemigo me mata poquito a poco
como un sádico absorto que en la tortura
juega a Dios y desarma mi arquitectura
con el verso viril al que le convoco.
Guía ciego su instinto descifra a tientas
mi corazón expuesto para la venta
en la carniceria de lo aparente.
Mi enemigo me quiere con tanto celo
que si el alba acaricia mi negro pelo
con impudicia, perro, le enseña el diente.

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