Si te vas a morir ¿De qué me vale
leerte la cartilla que nunca te leí?
¿De qué tensar errores de lycra destensada
que no ciñen las venas
ni despiertan la sangre?
leerte la cartilla que nunca te leí?
¿De qué tensar errores de lycra destensada
que no ciñen las venas
ni despiertan la sangre?
Si casi yerto en mí, si agonizante
en la materia gris de mi cerebro,
se acaba el interés
y escapa, compasiva, la memoria,
¿De qué puede servir volver atrás
y recapitular la violencia,
escondida debajo de la alfombra,
que barrí en primavera?
Llega un otoño herido de falsa mansedumbre
que anuncia el rito cárdeno de sus hojas marchitas
y no hay sublevaciones pendientes que abortar,
ni lágrimas que laven el alfanje de acero
de pasadas matanzas.
que anuncia el rito cárdeno de sus hojas marchitas
y no hay sublevaciones pendientes que abortar,
ni lágrimas que laven el alfanje de acero
de pasadas matanzas.
Ni siquiera lamento la bruma vespertina
que tapa un horizonte que fue rojo
de roja incertidumbre.
que tapa un horizonte que fue rojo
de roja incertidumbre.
La impávida certeza que se instala en mis ojos
es la mortaja breve de tu casi-cadáver.
Quid pro quo, querido.
Mañana seré yo la muerta de tu historia,
pero será otro cuento.
Mañana seré yo la muerta de tu historia,
pero será otro cuento.
Es duro, sí, un poema duro.
ResponderEliminarGracias, Dark.