Elegía.

 
 
 
De tanto que me miento voy a acabar, seguro,
creyendo que estoy viva.

Nunca me acostumbré a oirle poner fechas
para su propia muerte
porque mi boca, ayer, le había bendecido.
 
De tanto que me miento sin palabras,
se me fue el corazón
a orbitar su memoria
sin una mala excusa para volver al pecho.
 
Otra vez dieciocho.

El agua no me lava su rostro de las manos
y es una gran putada
seguir oliendo a él cuando anochece
y tintinea, roto,
mi llamador de ángeles.

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Akhenazi. Espacio a tu costado.