El invierno me teme, caballero,
porque soy yo quien hiere sus ijares
y sujeta sus bridas con dos glaciales manos.
porque soy yo quien hiere sus ijares
y sujeta sus bridas con dos glaciales manos.
El esplín es así, un terremoto gélido
que vibra por los ríos de la sangre
y enlentece los pulsos,
así que no me mire con ojos de verano
mientras los míos, trágicos,
se vuelven de cristal.
No quiero tropezarme con su boca
de nuevo arrebatada,
ni que muestre temblores que estaban escondidos
entre los pechos blancos de la diosa rutina
que le acuna de noche.
de nuevo arrebatada,
ni que muestre temblores que estaban escondidos
entre los pechos blancos de la diosa rutina
que le acuna de noche.
Usted sabe de sobra que no soy automática
ni me enciendo y apago con un clic.
Yo sigo en combustión y no me explico
como no se da cuenta
que en el lado más negro de mi sombra
se escriben las respuestas
que nunca voy a darle.
ni me enciendo y apago con un clic.
Yo sigo en combustión y no me explico
como no se da cuenta
que en el lado más negro de mi sombra
se escriben las respuestas
que nunca voy a darle.
Para imitar la vida, caballero,
tiene que haberse muerto alguna vez,
y usted sigue tan vivo como entonces.
tiene que haberse muerto alguna vez,
y usted sigue tan vivo como entonces.
Creo que su misterio
se reduce a un buen nudo de corbata.
El resto es sólo un código viril
que utiliza con suerte pero en mí le ha fallado
"entre bomberos no se pisan la manguera"
mire a su alrededor sin tanta prisa,
a usted se la han pisado.
Los escribas de sexo masculino prometemos no merecer nunca este poema, admirada Morgana.
ResponderEliminarBien jugado el abordaje del desamorado humor y, como siempre, maestría en todo lo suyo.
Con gran afecto:
Oscar
No compares, Oscar, no compares. Hay escribas y escribas. (ríome).
EliminarEs una crueldad pero el tipo de lo merecía, créeme.
Qué bueno verte por aquí, argento.
Un fuerte abrazo.
Yo nací sin rodillas, Dark, no sé tú. (ríome).
ResponderEliminarMalditito...