Vara de rasar


 
 Ya sé que estás midiendo mis poemas
con vara de rasar el sentimiento
y que estarías mucho más contento
si no te levantara más eczemas.
Pero si no te rompo los esquemas
me aburriré de tí, por atractivo
que puedas resultar y, por derribo,
se cerrará el garito boquiabierto.

Está de más decir que en el entuerto
hay más de un verso en juego, alternativo.
 
Después de dicho, digo que comprendo
tu desencanto extremo y marginal,
porque si yo derivo a lo fatal
hay poco beneficio en dividendo.
Pero soy lo que soy, el largo estruendo
de una tormenta a punto de abortar
la lluvia que no llega nunca al mar,
porque se juega el tipo cuerpo a tierra.

Una mujer normal que sólo cierra
los ojos ante el hombre que va a amar.
 
Porque me sobran todos los supuestos,
no voy a suponer que estás de paso
para aliviar tu boca en mi fracaso
por el morbo de ser polos opuestos.
Tampoco supondré que mis infestos
versos de noche enferma te han marcado
de neón las pupilas y, cegado,
sueñas con otra luz consoladora.

No quiero suponer que aquí y ahora,
te sientes sin salida, acorralado.
 
Y ya que me has contado, yo te cuento
que me habitan mujeres diferentes,
reas, convictas, con antecedentes,
que van surgiendo sin acosamiento.
No te plantées adelantamiento
por la derecha, porque soy tan loca,
que te puedes romper la tierna boca
cuando yo pise el acelerador.

Tú juega tu papel de seductor,
que yo me excito más con el de broca.

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