La mano del delito.






Sólo puedo mirar a los hombres de uno en uno para no depreciarlos, porque en cuanto se asocian con otros, pasan a formar parte de una jauría que vende sus dentelladas al mejor postor.

No formo parte de facción alguna y hasta los grupos parroquiales y las asociaciones líricas para dar recitales poéticos, me dan grima.

Será que no consiento que nadie haga por mí el trabajo sucio.

Nadie podrá decir que no pago con creces el hecho de vivir y ser la mano de mi propio delito.

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