El futuro no tiene ojos sensuales

 

 
 
El futuro no tiene ojos sensuales
donde poder mirarnos ni es el puente
entre tu juventud impertinente
y mi aversión por los ceremoniales
de seducción fatal, tradicionales
para llegar hasta mi madurez.
Sería por tu parte estupidez
empecinarte en una fruta acerba
habiendo otras dulzuras en la yerba
que no hacen gala de pudibundez.
 
Tan displicente yo, tan abrasiva,
tan lábil, tan voluble, tan sarcástica,
siniestra ma non troppo, larga y cáustica,
más cardo que amarilis amativa.
Tan polígamo tú, con la saliva
venenosa de un divo teatral
protagonista de cualquier serial
donde salga triunfante tu apostura.
¿No te parece unión contra natura
mi noche con tu aurora boreal?
 
Eres un fiel congénito, promiscuo
sólo de cara al público en las gradas,
un oscuro que llora a carcajadas
por burlar la inclemencia de su sino.
Un espíritu adicto al desatino
que conjura mi equívoco viral
y aspira a ser pecado capital
pero sólo se ciega por amor.
No quiero ser la causa del dolor
que pueda provocarte mi puñal.
 
Y cuando, como yo, estés de vuelta
del tour y seas Rey de Corazones,
cuando se te derrumben las razones
para seguir matando en la revuelta,
encontrarás, seguro, la resuelta
voluntad de mirarme sin fingir
y aceptarás el hecho de sentir
el ansia que en el virtuo se desfoga,
colgado del extremo de la soga
que no te cansas nunca de pedir.

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