Culpas.




La culpa la tuve yo que pudiendo ser tan zorra como la que más, porque me sobran uñitas para arañar espaldas y labios para mohínes, no me hago la tonta ni escondo el diente.

La sigo teniendo yo, que no veo el universo multimedia como una conspiración en mi contra, por más que sepa de sobra que soy un conglomerado de mis propias carencias.

La culpa la tendrá él.

La anatomía perfecta del miedo en su cerebro,
si alguna vez le da el cuero para olvidarme.

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