Contra las cuerdas.

 
 
 
Te estás equivocando de mujer.
¿Seguro que es de mi de quien reniegas?
Yo no me reconozco en esas ciegas
fotografías de tu acontecer.
No fantaseo con tu padecer
al ponerte en el ring contra las cuerdas
porque no me preocupa que me muerdas
o me pongas de arpía disoluta.

Yo nunca te he engañado, por mi ruta
lo normal es perderse. ¿No te acuerdas?
.
Pretendes convertirme en un jardín
de esperanzadas rosas aromáticas
y bellas mariposas acrobáticas
para olvidarte un rato del esplín.
Y soy la madreselva que sin fin
crece en la jungla huraña de mis gestos,
la de los versos turbios e indigestos
inexpresiva como musa al uso.

Ni te canto boleros ni me excuso
por no caber en todos tus supuestos.
 
¿Si no fuera quien soy, te gustaría
como te estoy gustando, pese a tí?
Prepara el funeral, ponle benjuí
a la aridez de mi simbología
y pasea por la cuaderna vía
de la atracción fatal. Busca otro aullido
y huye de mí, que está comprometido
tu verso en esta histeria dialogante.

Yo soy mi soledad. Tú la acuciante
manera de fingirte boquiherido.
 
Y aquí paz y después, venga la gloria
a encenderte las sienes de promesas,
vengan cuarenta mil gatas montesas
a restregar su celo por tu historia
Vengan poemas dulces sin memoria
selvática que arañen tu talento,
la idiosincrasia feble del lamento
a darte la victoria del olvido.

Tú has sido para mí, el consentido
en la noche sin luna de un mal cuento.

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