Si tú lo dices.

Si tú lo dices, Lécter, yo no lo niego,
sé de sobra por quién y cómo disparo
así que raramente en el desamparo
me veo en contrapunto. Soy cortafuego
del pirómano iluso, desasosiego
para el lírico tópico y clasicista
y acicate virtual para el hedonista
que sin temer mi nombre ni mi leyenda,
me regala sus versos como una ofrenda
que despierta mi instinto malabarista.

Tengo poco de diva, menos de diosa,
y mi boca es el filo de un escalpelo
que saja la palabra y escupe al cielo
parnásico la rima más dolorosa.
Para lo que me gusta soy ambiciosa,
exigente y altiva, voluble, cruel,
cicatriz tatuada sobre la piel
sin señal aparente, la turbia herida
que late sin cerrarse jamás en vida
si no deja sus huellas en el papel.



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