No hay cielo protector y mi garganta
no canta tu canción. No hay un desvío
que ataje la soberbia del estío
que te aflora en la voz y se agiganta
a medida que yo me empequeñezco.
No hay asombro frutal para ofrecerte
ni disfraz que tu hielo deconcierte
si me hago sombra o núbil reverdezco
al sol de un madrigal sin esperanza,
cobijo de la eterna adivinanza
que se abraza a tus piernas.
El rojo oscuro de un verso votivo
es el pálido espejo alternativo.
La gruta donde hibernas.
Sencillamente hermoso.............
ResponderEliminarGracias Toni, muy amable.
EliminarNos estamos viendo.
Letras que forman un lírico canto lleno de belleza.
ResponderEliminarMe alegro de haberte hallado, pues tus letras aparecen como un oasis entre arena y piedra.
Un abrazo.
Y yo me alegro de conocerte. Espero no defraudarte y si lo hago, espero también que me lo digas.
EliminarOtro abrazo para tí, Jorge.
Bello soneto. Me encanta el ultimo terceto.
ResponderEliminarUno más, Antonio, de los cientos que he escrito.
EliminarMe alegra que te guste.
Un abrazo, colega.
Belo soneto ...muito tocante ...parabéns Morgana Querida Pedro Pugliese
ResponderEliminarMe alegra llegarte, Pedrito.
EliminarGracias por venir.
Un beso.
Hermoso.
ResponderEliminarA mi ofreceme un disfraz, me vendría bien.
Besos
El que quieras, salvo el de libélula que no te va.
EliminarTú regálame una bufanda como la tuya que está el tiempo gélido y lluvioso por estos lares. (ríome).
Gracias por venir.
Eso que llamas quiebres son encabalgamientos irrespetuosos, Jorge. Ve tomando nota porque vas a terminar haciendo buenos sonetos a poco que te lo propongas. La escuela está abierta, ya lo sabes (riome).
ResponderEliminarMuchas gracias por tu seguimiento.
Otro abrazo.