Antes de mí lo era.
Intuí su intención
y
me colgué de su cuello
por morderle la boca
-uno no se arrepiente de lo que no se dice-
y me bebí su voz
repleta de palabras
hasta dejarlo mudo.
Me bebo cada noche un trago de esa hombría
que nunca se le acaba
él, cada vez más duro
yo, cada vez más ebria
no importan los te quiero
que no quiero
lo que importa es vivir
para poder contarlo.
Yo no le hice hombre
pero después de mí
seguro que será literatura.
¿Te parece? Yo que lo sentí tan vivo, tio.(ríome).
ResponderEliminarMe alegra sorprenderte, Roussel.
Más abrazos.