Yo no busco nada en ti




Yo no busco nada en ti
que no te mueras por darme
ni mis demonios te incitan
a pecados capitales
que no hayas pensado tú
pecar en mis catedrales.

Porque a morbo no te gana
mi lengua con sus afanes
a puro morbo tu lengua
radicaliza verdades
y miente desinterés
por hacerse deseable
mientras me lame despacio
la espalda de lo entrañable
como un caracol que deja
húmeda, tersa y brillante
su huella sobre una piel
que nunca goza bastante.

¿Que eres malo? Ya lo sé
y que no quieres a nadie
también lo supe la noche
en que tus letras agraces
se enfrentaron con las mías
por hacerse sabotaje
porque ni yo admito freno
ni tú precisas anclajes.

Asumo tu lado cruel
sin importarme si cabe
en la moral de la gente
mi amoralidad flagrante.
Y asumo que vas herido
por cuantas balas salvajes
te han masacrado la piel
con visiones imborrables
que no podrás olvidar
por mucho que yo te hable
como yo no olvidaré
las historias demenciales
que dejas sobre mi tumba
después de cada viaje.

Flores de desesperanza
y epitafios de verdades.

Se me han muerto las razones
a fuerza de levantarte
el alma del exterminio
que no te levanta nadie
y no hay romance que pueda
sobrecogerme en la tarde
del desengaño final
que me devora implacable.

Ya no queda nada en mí
que pueda mutar el aire
de la tristeza indeleble
que te envenena la sangre
ni tú me puedes borrar
de los ojos, lo aberrante.
La balanza se inclinó
del lado de los cobardes
y no la equilibra Dios
ni el Demonio ni la carne.

No la equilibra tu boca
ni mi boca de cristales.

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