Los santos de cartón.



Hay quien lleva una cruz ostentosa en el cuello
como si la elegida del Altísimo fuera,
y la usa de espada, de escarnio y descabello

(le va la fama en ello)

contra el que no presume de dios ni de bandera.

Como si la verdad fuera de su exclusiva,
con el ciego impudor de la falsa humildad,
rígida en la tribuna de la letra abrasiva
cuestiona la moral del prójimo y altiva,
más papista que el Papa, proclama su piedad.

Con Dios se parapeta,
beatífica mártir.
¿Qué hará cuando despierte el Dios dormido
y de una bofetada serenísima
le quite la careta?

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