Cuántas puertas inútiles se abren de repente.
Ahora que la calle se ha quedado vacía
la soledad camina por la acera baldía
con todas las ausencias clavadas en la frente.
Resbaladizos pasos la soledad presiente
en los charcos de lluvia de la melancolía
y se inventa la noche y la llama María
y David y Santiago y Carmen y Vicente.
Cuántas farolas tienes, calle de la Tristeza
de luces mortecinas, cuánta la ligereza
del viento que clausura tus ventanas de espinas.
Cuántos los soportales para las añoranzas,
qué oscuros los umbrales de las desesperanzas.
Cuántos fantasmas solos, rondando tus esquinas.
Ahora que la calle se ha quedado vacía
la soledad camina por la acera baldía
con todas las ausencias clavadas en la frente.
Resbaladizos pasos la soledad presiente
en los charcos de lluvia de la melancolía
y se inventa la noche y la llama María
y David y Santiago y Carmen y Vicente.
Cuántas farolas tienes, calle de la Tristeza
de luces mortecinas, cuánta la ligereza
del viento que clausura tus ventanas de espinas.
Cuántos los soportales para las añoranzas,
qué oscuros los umbrales de las desesperanzas.
Cuántos fantasmas solos, rondando tus esquinas.
un beso, lechuza...
ResponderEliminarUn achuchón, ratona, qué alegría verte.
EliminarNo sé si es lo es mejor que has escrito, Mor, pero sí lo más alucinantemente emotivo que yo te he leído.
ResponderEliminarUn beso.
Uno más, Manuel. Sobre la tristeza tengo mucho escrito, claro, tú sabes por experiencia propia que como inspirador es un tema que nos afecta más que la alegría.
EliminarSi te tocó corazón, me alegro. De eso se trata.
Gracias y un abrazo.
Bello soneto y muy buen remate con el ultimo verso.
ResponderEliminarGracias Antonio, me alegra que te gustara y me lo digas.
EliminarUn abrazo, colega.
Belos e verdadeiros sentimentos e palavras ...Um grande beijo espanhola linda Pedro Pugliese
ResponderEliminarLa verdad por delante, Pedro.
EliminarLa mentira se queda para la vida, que siempre tiene algún motivo para hacernos mentir, aunque sea piadosamente ¿verdad?.
Un besazo, cantante.
Me levanté para ver por la ventana, fijé la vista en el baldio que descansa hace añares frente a la oficina, busqué con la vista la flor que descansa en sus pétalos, hartos de llevar brillo a tanto olvido.
ResponderEliminarNo la encontré.
Quizá dejó alguna semilla que con el tiempo germinará, alimentando el círculo vicioso de los tiempos.
A mi me encantó cada una de las uniones de esa calle.
Besos
Y a mí me encantó la prosa poética que te marcaste, señor Dardo, para alimentar el círculo vicioso del comentario.
EliminarSí señor... en la diana.
Más besos y gracias.
Se piensa que la atmósfera es cargante, el día molesto, que hay espuma y burbujas en los charcos, que la sombra es negra y que la luz no llega cuando el pensamiento inquieta.
ResponderEliminarExcelente definición de la tribulación y la nostalgia y buena selección de la imagen.
Un abrazo
La tristeza tiene esa pegajosería que se adhiere a la piel, Loli, y cuesta eliminar del estado anímico. En el hombre es tan natural como pueda serlo la alegría, así que la vida es eso: una de cal y otra de arena.
EliminarGracias por venir, hermosa.
Un abrazo.
Si no dices otra, Jorge. Yo también prefiero transitar por otras calles, pero seguro que tú has pasado también por esta alguna vez ¿q no?.
ResponderEliminarYa te he visto por Ultraversal y te activé la cuenta. Dale anímate a participar.
Besote, guapo.
como la trucha al trucho (ríome).
ResponderEliminarme someto a tu soneto, tan familiar cotidiano, tan de bajar a comprar pan. y pulido en sus adoquines.
ResponderEliminarun abrazo.
gracias por tus visitas.
Tan cotidiano como la tristeza ¿cierto?
EliminarNo soy yo adicta a las grandilocuencias a la hora de transmitir como podrás comprobar.
Gracias a tí, siempre.