Si necesitas labios que te ericen la piel.




Nadie muere de amor. Todo lo más se mata
a su libre albedrío delante del espejo
en un ritual sagrado que suele ser complejo
si el suicida desnuda la palabra insensata.
Y matarse no es fácil. Cuesta la intemerata
decidirse al desangre de las verdes arterias
o saltar al vacío de tus propias miserias
expuestas a los ojos de un lector hipotético,
que lo mismo desbordan el llanto más frenético
que se parten de risa con todas tus histerias.


Te equivocas si crees que voy contando muertos
que arrojo a la cuneta del exhibicionismo
como una mantis presa de agudo paroxismo
que virtual devorara sus muchos desaciertos.
Mas para hombres mansos, soy el peor palangre
y sólo me motivo viendo manar la sangre
del que, como yo misma, es carne de papel.
Empieza a abrir salidas en tus calles secretas
y sé inoconoclasta donde otros son estetas
si necesitas labios que te ericen la piel.




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