Pero más asesino es el silencio.





La poética de Morgana de Palacios por Valentín Martín.


¿Se puede parar el mar y encerrarlo en un aljibe? No, como tampoco se puede enjaular el viento, ni el corazón de un muchacho salmantino de 17 o 63 años. Pretender atrapar la poética de Morgana en unas líneas es eso, y resulta un acto impulsivo, suicida y pretencioso.

Pero más asesino es el silencio.
La presencia de Morgana se extiende de su poética a la de todos nosotros y ha alcanzado ese punto de equilibrio y perdurabilidad como la muerte de Kennedy.
Su poesía solo marca las líneas rojas ante la mediocridad, siendo como es un hermoso misterio ante el que nos estrellamos en ocasiones los voraces exploradores de la lírica ajena: sabemos a ciencia cierta donde está la Osa Mayor, pero se nos resiste Morgana, he ahí también los motivos de su poderosísima seducción.
Y sin embargo a veces es clara como la sonrisa de Julia Roberts.
Y también es como si saliese el sol.

Múltiple Morgana, tan llena de ángulos y pupilas, que nunca será una pesadilla sino un sueño por domar. Estoy seguro de que ella no usa jamás maquillaje cuando escribe y nunca parpadea. Porque si algo no tiene la poética de Morgana es inestabilidad emocional o formal, colorantes ni conservantes.
Volcánica, mordaz y tierna, con un punto de escepticismo que alimenta las provocaciones libres de toda sospecha, avanza siempre por un camino de lucidez y afiliaciones sin remedio.
La poesía de Morgana está vertebrada de rotundidades: el fatalismo, el descreimiento, los exorcismos a la manera de filípicas, el erotismo, también el infinito amor, todo tiene un aire definitivo.
Y es que Morgana escribe siempre la vida. Su primer compromiso es consigo misma y con su tiempo.
La complejidad y riqueza temática asume su metapoesía de tal forma que a veces parece una reflexión de la poesía sobre la propia poesía. El tiempo en ella ya no es el tiempo histórico sino el tiempo individual de la poeta que va construyendo-destruyendo todo lo que esta ama.
En ocasiones refleja un cierto caos interior, pero nunca una confusión, y en este sentido habría que decir que su poesía es personalmente testimonial. Hurgando en la profundidad de sus entregas parece que hay siempre en ellos una constante: la ausencia de melancolía. Parece.
Criatura mágica, su lirismo intelectual es poco frecuente y tiene unos cimientos formales siempre a prueba de hostigamientos e influencias,
No se puede decir que el amor sea el tema central de su poesía porque esta es mucho más vasta que ese sentimiento arrasador, pero sí que siempre que aparece presta un nuevo fulgor a las cosas más vulgares y cotidianas.
Algunas veces parece como si hubiera desaparecido en sus versos el amor a la vida o su confianza en ella, pero tengo la esperanza mientras leo de que esto sea un espejismo traidor.
La poesía de Morgana tiene un cauce fluido y continuo y no se somete nunca a ningún rigor formal: mejor dicho, los respeta todos.

En cualquier caso, la huella de Morgana de Palacios es ya imborrable.
Y estas líneas, que quieren ser un acto de amor, son en cierto modo una profanación que ni siquiera llega a la cintura de su nombre.

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