No existo en el silencio.




Qué silencio tan grande ha sucedido
mientras mi sombra violaba el aire.

No existo en el silencio. No me encuentro
en los párpados mustios de la tarde.

Qué habrá sido de mí, dónde he perdido
mi boca de tarántula y enjambre.

Probablemente se escondió a soñar
con la cintura viva de su amante.

Madrid es un neón que me traspasa
-silenciosa metástasis radiante-
el cuerpo que no siento, el corazón
que deja de esperar mientras se arde.

Nautas

Googleros

Akhenazi. Espacio a tu costado.