Honestidades.




Si yo entendiera el amor como hace veinte años
en que pensaba que el mío era un dolor imbatible,
la fuerza del corazón capaz de hacer lo imposible
una eterna realidad ajena a los desengaños.
Si yo pudiera creer en algún amor que bueno
me hiciera buena una vez a salvo de mi veneno,
y poder tocar el cielo si me siento desalmada
en un acto de profunda introversión abnegada.
Si yo pudiera creer en algún amor de estreno.

Pero los buenos no dan de sí lo que necesito
porque ocultan en el rostro de la manipulación
verdades que no se cuentan por no dañar la razón
acomodada en la hamaca donde sueña su apetito.
Jugar al te hago más daño que tú a mí, reconocerlo,
siempre es mucho más honesto que fingir el no entenderlo
porque el amor es un reto para la mente estratega
que disfruta en la pasión y ante el rito de la entrega.
¿Hasta qué punto podrás ser un amor de estraperlo?.



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