Descontención emperejilada.




Qué instrumento sombrío suena este jueves
para el aburrimiento de mis neuronas,
qué clavicordio en fuga de notas breves,
o cítara obsoleta me arpegia en leves
volutas musicales bobaliconas.

Su boquita piadosa me ha susurrado
que no me ha conocido jamás contenta.
Como un laúd amargo y reconcentrado
me ha dejado el sitar tan desafinado
que en mi oído de tísica es una afrenta.

Qué jocosa, qué caústica, qué sarcástica
soy si no bebo absenta que desintegre
la ansiedad luctuosa que perifrástica
rodea de penumbra casi monástica
la imposible esperanza de ser alegre.



No saltes de esa forma descontrolada
sobre la cuerda floja del pensamiento
que aunque titireando desprogramada
suelo andar por el verso, descolocada
me dejas la palabra y el sentimiento.

Te estoy viendo la mueca del asesino
al que afrenta algún acto de hipocresía
y aunque termino riendo del astifino
verso que te provoca, eres dañino
como un tanque avanzando en cuaderna vía.

Ya se te habrá pasado, creo, el disgusto,
y es que los días llegan con otros nuevos,
como llegarás tú para darme el gusto
y no por cabreado otro mal susto,
porque te hayan tocado de más los huevos.


 

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