Y ni siquiera soy rubia platino




No culpes a tu voz de mi apatía
ni a tu verdad de mi descreimiento,
qué más quisiera yo que ser el viento
que soplara a favor de tu utopía.
No voy a estar mejor en sincronía
con el latir gozoso de tu verso,
ni oponiéndome a él como el reverso
de la moneda que lanzaste al aire.
No veas mi actitud como un desaire
a lo que significa tu universo.

Lo que ocurre es que soy, del caos, la parte
irreflexiva, ilógica y arisca,
tengo fama de turbia levantisca
ganada en tour de forçe con más que arte.
Si pones corazón en el descarte
saldrás herido sin que yo me inmute
porque es lo natural en el disfrute
del sucio tobogán de la palabra.
Si dejo que el amor se me entreabra
siempre habrá un criminal que me lo ampute.

Ni doy ni pido tregua a ningún hombre,
dirás ¡pobre infeliz! cuánta manía
en mostrarse salvajemente fría
cuando la seducción lleva mi nombre.
Y yo me reiré cuando te sombre
la sombra que pretendes olvidar,
porque aún no empezaste a recordar
con qué crueldad mis letras te enamoran.
Tú crees que estás jugando pero afloran
más de cuatro razones para odiar.



Y para qué girar alrededor del odio
si siempre hay un retén dispuesto a detenerte
a media perversión en carretera
con la beligerancia de su gris mansedumbre.
Soy una fruta insulsa corrompida
por el mar de tu tierra,
especie de espejismo incomestible
y ni siquiera soy rubia platino.
Está sudando grávida la tarde
mientras hablo con Luz de desazones.

No puedo echarte flit, duerme tranquilo,
lo he gastado todo con las moscas.

Nautas

Googleros