Paradigma



Yo no pido jamás. El que me da recibe
porque pago mis deudas con extrema premura.
Si soy contradictoria, lo soy, sin cobertura
ni poses que disfracen de belleza el declive
de las ideas muertas. Yo soy la que se escribe
al borde de sus hondos y ciegos terraplenes,
con demasiadas cruces clavadas en las sienes
como para fingir coherencias plausibles.
La vida es un trasiego de andenes imposibles
y por la mía, hoy, no pasan trenes.

Así que si me miras con los ojos de ver,
hazlo como un mal hombre, que los buenos
me han podrido el instinto echándome los frenos
a la imaginación. Si no puedes creer,
ya somos dos ateos que no van a temer
meter quinta en la letra, cuesta abajo,
por si encontramos el oscuro atajo
que nos lleve directos al centro del enigma.

Literatura para el paradigma
que consiga colgarme del techo y bocabajo.

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