Lécter




Arco voltaico soy en tu penumbra
y son tus ojos los del desconcierto
cuando miras mi sombra a cielo abierto
oficiando el ritual que te deslumbra.
Poco a poco tu voz se apesadumbra
carente de razones para amarme
y poco a poco sé que vas a odiarme
pues crece tu reproche colmilludo.
Siempre que, Eva, muestro mi desnudo
hay un Adán dispuesto a masticarme.

Y no pretendo, no, pasar el rato,
ni finjo prometiendo algarabía.
Es cosa tuya, Lécter, la osadía
del argumento que te desbarato.
Si me atas, descuida, me desato
porque no valgo yo para ataduras
de las de quita y pon. Mis ligaduras
se rompen con la muerte. Soy tan fiel
si se trata de amar sobre el papel,
que no me encienden nuevas calenturas.

Sea cuando tú quieras, dónde quieras,
desvinculado o no de cualquier nombre,
pero piénsatelo, yo elijo al hombre
que me tiñe de luto las ojeras.
El que pisa descalzo mis aceras
y más allá del verso me provoca.
Es imposible que me vuelva loca
por quien aún mantenga la razón
cuando quiero jugarme el corazón
en la ruleta viva de una boca.


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