Sobre gustos hay mucho escrito.

Que te gustan los malos, los extraños,
los cuerdos que son locos hipotéticos,
los que vienen y a rastras traen la vida,
los que no son babosos ni quiméricos,
lo que tienen un tajo entre las ropas
del armazón del alma, los violentos
que inclinan la mirada frente a un niño,
los que apuestan con fuerza al día nuevo,
los que no vestirán plumas de cisne
porque siempre serán el Pato Feo,
los que no se deliran con su ombligo
porque se saben de pe a pa imperfectos,
los que juntan historias y desastres
y que en ciertos naufragios son maderos.

Que te gustan los tipos complicados,
los que son de metal en vez de cuero,
los que suman derrotas y victorias
en el ábaco impar de sus silencios,
los tipos que se enojan y resisten,
los que reman igual aunque haya un viento
poblador del velamen de la historia,
los que matan o mueren sin suspenso.

Que te gustan heroicos antihéroes
torcidos de tan simples, los honestos
que mienten en extrañas circunstancias
casi como en el póker, como un juego.

Que te gustan así. Algo me han dicho
que te gustan así, duros y a pleno.
No sé si doy el tipo, negra linda
pero lo que sí sé, es que pongo huevos.
 
(Santos Aira)
 
 
 
 
No sé si das el tipo de ese hombre que pintas
tan seguro de sí, tan libre, tan intenso,
que no pide permiso ni a tirios ni a troyanos
para ser lo que es, lejos del aspaviento
de los estereotipos que abundan en la lírica
como muestra impoluta del poeta perfecto.

No sé si está en la hondura de tu trágica huella
o en la mueca sarcástica con que enfrentas el miedo,
que jugando a perder, resultas ganador
por esa honestidad que te hace deshonesto.
Mejor que tú ninguno para saber si es cierta
la leyenda que rueda sin base ni sustento
sobre lo que me gusta o deja de gustar,
puesto que, sin presbicia, has leído el prospecto.

No sé lo que me gusta en un momento dado,
pero tengo muy claro aquello que no quiero.

No voy a preguntarte qué te provoca a tí,
qué te azuza la mente, qué te arrebata el verbo,
porque no necesito de tu confirmación
para saber que soy tu mejor argumento
a la hora del verso que te muestra desnudo,
impaciente y feroz como un tigre al acecho.

Somos tan parecidos en nuestras diferencias,
tan reacios los dos a hablar sin fundamento,
que jugamos a ser distintos siendo iguales,
tú más malo que yo porque lo diga el cuento
y yo, ajena al mal, indiferente al mal
cuando te tengo cerca, como el quinto elemento.

Mi situación es clara, unívoca, aplastante,
incorregible y cierta por encima del sueño:
Ninguno se ofreció para purgar mis crímenes
o matar por librarme de males hipotéticos.

Nada me pueden dar que tenga para mí,
la asilvestrada fuerza de tu hiedra en mi viento.

(Morgana de Palacios)

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