Lápiz de sombra.




Yo soy la que no estuvo
mientras latía el mar su infinito dolor
porque no cicatriza
su memoria en los siglos de salinas verdades.

La que miente si escribe caracolas
y desenjaula el tiempo
de su reloj vidriado de finísima arena,
inútil si mi mano no lo gira
fronteriza y voraz.

Pabilo que no alumbra los pasos clandestinos
que se agolpan detrás de las pupilas
de cada honda noche
maltratada
por amontonamiento de los astros
sobre su cuerpo virgen.

Yo soy lápiz de sombra, que va de perra a loba
de vergel a desierto
de víctima a verdugo
de heraldo a enmudecido centinela,

sin arquear las cejas del asombro
ni torcer la sonrisa más de lo imprescindible

y en un Septiembre hastiado de crepúsculos
y de calenturientas pirotecnias,

he puesto, de futuro, una mordaza
y un cascabel de amnesia vengativa
en la boca y el cuello de la Oscura

que - por mis muertos juro -

nada podrá robarme este verano.

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